El Encuentro con el Tú: La Amistad

«En efecto nada podrá nunca reemplazar al compañero perdido. Los viejos camaradas no se crean. No hay nada como el tesoro de tantos recuerdos comunes, de tantas horas malas vividas juntos, de tantas disputas, reconciliaciones, emociones. Esas amistades no se rehacen. Si se planta un roble, no se puede esperar encontrar en seguida abrigo bajo sus hojas».2
La amistad para Saint-Exupery se forja fundamentalmente a partir de un ideal común, fortalecida por los innumerables ritos, anécdotas y sobre todo luchas y conquistas que los camaradas tienen que pasar. 3
«Sólo cuando estamos unidos a nuestros hermanos por un objetivo común, ajeno a nosotros, respiramos, y la experiencia nos demuestra que amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección. No hay camaradas que unidos en la misma cordada, hacia la misma cumbre, no se encuentren en ella». 4
Esto es sumamente interesante al definir la amistad, puesto que muchas veces se entiende amistad como una relación simbiótica en la cual las personas involucradas se contemplan mutuamente, cerrándose de alguna manera a la realidad y a la experiencia de otras relaciones. Saint-Exupéry rechaza este concepto de amistad, para él se trata más bien de un encuentro de personas que caminan juntas hacia un mismo ideal.
Avanzando un poco más en la comprensión de la amistad en Saint-Exupéry vemos en su aproximación una visión elevada de lo que es la amistad. Para hablar de ella utiliza figuras como la de la cumbre de una montaña donde se puede respirar.5 Es así que la amistad va a constituirse en un espacio de libertad. El espacio para el encuentro personal pasa necesariamente por el encuentro con el otro, en donde el amigo es capaz de sacar lo mejor de uno y revelarle el auténtico rostro de cada quien. Las últimas páginas de Carta a un rehén son tal vez las más elocuentes para ayudarnos a entender lo que es la amistad para nuestro autor:
«Por esta razón, amigo mío, tengo tanta necesidad de tu amistad. Tengo sed de un compañero que respete en mí, por encima de los litigios de la razón, el peregrino de aquel fuego. A veces tengo necesidad de gustar por adelantado el calor prometido, y descansar, más allá de mí mismo, en esa cita que será la nuestra… Junto a ti no tengo ya que disculparme, no tengo que defenderme, no tengo que probar nada… Más allá de mis palabras torpes, más allá de los razonamientos que me pueden engañar, tú honras en mí simplemente al Hombre, tú honras en mí al embajador de creencias, de costumbres, de amores particulares. Si difiero de ti, lejos de menoscabarte, te engrandezco». 6
Es importante comprender que la amistad lejos de cerrar a las personas sobre sí mismas, las abre hacia la realidad. El zorro una vez domesticado es quien le muestra al Principito la unicidad y el valor de su rosa, ayudándolo a enfrentar el problema que lo había alejado de su planeta de origen. Y quien finalmente con su secreto le da luces de cómo conducirse en la vida con bien.
La amistad, por la densidad que comporta, es capaz de trascender la presencia física, pues si bien el vínculo de unión se inicia con los ritos, con las anécdotas y simbologías comunes, que implican una presencia directa y física, llega luego a una dimensión trascendente que nos revela una vez más la visión abierta a lo sobrenatural que posee este autor:
«No hay diferencia esencial —dirá Saint-Exupery— entre estar ausente en la habitación vecina o al otro lado del planeta. La presencia del amigo que aparentemente se ha alejado puede llegar a ser más densa que una presencia real. Es como la presencia en la oración».7
*Extracto de la Conferencia “El poeta y el encuentro”, realizada por Sandra Sato en setiembre de 2009, en Lima.
Citas:
1. “No se contempla la amistad de un Mermoz, de un compañero al que me han unido para siempre las pruebas que hemos compartido (Antoine de Saint – Exupéry, Tierra de hombres, p.48)
2. Lug. Cit.
3. “Por fin nos habíamos encontrado. Caminábamos codo a codo durante mucho tiempo, encerrados en nuestro propio silencio, o intercambiando palabras que no dicen nada. Pero, de pronto, llega la hora del peligro y nos apoyamos mutuamente, descubrimos que pertenecemos a la misma comunidad, nos enriquecemos al descubrir otras conciencias, nos miramos con una franca sonrisa. Nos parecemos a ese prisionero liberado que se maravilla frente a la inmensidad del mar” (allí mismo, p.50).
4. Allí mismo, p.178.
5. Ver Antoine de Saint-Exupéry, Carta a un rehén, Goncourt, Buenos Aires 1968, p. 73.
6. Allí mismo, pp. 71-72.
7. Allí mismo, p. 200.