Damián de Veuster: amar hasta dar la vida

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Por Carmen Elena Villa
 

Recuerdo que cuando tenía 17 años leí un libro que me impactó: ” Apóstol de los leprosos “. Era la biografía novelada de un famoso sacerdote belga llamado Damián de Veuster (1840 – 1889), quien vivió durante 16 años en una colonia de leprosos, sirviéndoles hasta dar la vida por ellos.

Pocos meses después me enteré que De Veuster sería beatificado por Juan Pablo II. Este recuerdo regresa a mi mente porque este domingo será canonizado por Benedicto XVI.

Fue miembro de la Congregación de los Sagrados Corazones SS.CC, a los 33 años se marchó hacia las islas de Molokai en Hawaii para no regresar nunca. La razón de su viaje: el entonces rey de Hawaii, Kamehameha IV, envió a todos los enfermos de lepra al exilio a Molokai. De Veuster, quien había sido trasladado a Honolulu, le pidió a su vicario apostólico que lo enviara a esta desolada isla. Estaba convencido de que su misión era la de trabajar por aquellos enfermos y olvidados que morían en una gran soledad.

Sólo la sotana que llevaba puesta y el breviario eran el equipaje que lo acompañaba. Ni siquiera tuvo dónde llegar. Su primera noche la pasó debajo de un árbol.

Algunos compañeros viajaron con él, pero con el tiempo comenzaron a regresarse. Damián se quedó solo, viviendo en las mismas condiciones de los leprosos.

Además de sus labores pastorales, hacía también las veces de plomero, herrero e incluso de médico, socorriendo las necesidades urgentes e importantes de los habitantes de la desolada Molokai.

Fueron muchas las cartas que escribió. En algunas expresaba alegría por servir a los más enfermos, tristes y marginados. En otras dejaba ver el temor y la soledad que vivía, pero acompañado del amor por quienes habían perdido toda esperanza.

Un día se dio cuenta de que había sido contagiado: “El recuerdo de haber estado postrado bajo el paño mortuorio hace 25 años -el día de mis votos- es lo que me ha hecho desafiar el peligro de contraer esta terrible enfermedad, cumpliendo aquí mi deber y tratando de morir cada vez más a mí mismo”, escribía en una de sus cartas.

Su ejemplo ha iluminado a cientos de miles de personas, independientemente de su credo. Hace cuatro años fue elegido el Belga Más Grande de todos los tiempos por la televisión abierta flamenca (VRT).

Mahatma Gandhi lo tomó como modelo de inspiración para sus campañas sociales: “El mundo politizado y amarillista puede tener muy pocos héroes que se puedan comparar con el Padre Damián de Molokai”, decía.

Necesitamos modelos como el padre De Veuster, quien entregó su juventud y entereza a aquellos que para la sociedad resultan inútiles hasta el punto de pensar que deberían ser eliminados. Un testimonio que nos demuestra que sólo el amor a la vida y el respeto por la dignidad humana, es el motor que puede mover el mundo hacia el camino del bien.

 *Artículo publicado en El Colombiano el 6 de octubre de 2009.

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