Discípulos y misioneros

Por Carmen Elena Villa
La gran línea de reflexión de esta V Conferencia se ancló en el lema propuesto por el Santo Padre: «Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida. ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida’ (Jn 14, 6)» en la que se deja ver el acento del actual Pontífice en una profunda y fina reflexión teológica, además de su especial interés por la Iglesia para que mire más a su interior y que cada uno de sus miembros tenga una consistencia más fuerte que lo lleve a un mayor ardor apostólico.
Una propuesta para esa “Iglesia que está en América Latina y el Caribe en el camino de una fe que se ha hecho y se hace historia vivida, piedad popular, arte, en diálogo con las ricas tradiciones precolombinas además con las múltiples influencias europeas y de otros continentes”, como recalcó Su Santi
dad en la catequesis realizada el pasado 23 de mayo.
El borrador del documento final de Aparecida, presentado el miércoles 30 de mayo, comienza con un análisis sobre la vida de los pueblos latinoamericanos y hace una radiografía de la realidad delos discípulos misioneros y luego una mirada a una sociedad que en los últimos 15 años (desde la conferencia de Santo Domingo), ha presentado nuevos desafíos como la globalización, la injusticia estructural, la crisis en la transmisión de la fe entre otros.
Posteriormente analiza la vida que deben tener los apóstoles del tercer milenio. Recalca que la fe en Jesucristo debe ser la única fuente para el impulso evangelizador, con la alegría del llamado particular a anunciar el Evangelio dentro de la vocación universal a la santidad de todo cristiano, por medio de la comunión entre las distintas vocaciones, el diálogo ecuménico e interreligioso y una disciplina especial de catequesis permanente y formación pastoral. Luego de este proceso de interiorización y de consolidación de la identidad de los nuevos apóstoles, Aparecida propone renovadas formas de evangelización como la Gran Misión Continental, que invita a los agentes pastorales a buscar a aquellos bautizados alejados o poco consistentes, para que conozcan e interioricen en las verdades de fe que muchas veces, por falta de una pastoral comprometida, son desconocidas por los bautizados o no son bien llevadas a la vida práctica.
También recuerda la opción preferencial por los pobres de la Iglesia, especialmente con los nuevos rostros de la pobreza como los desempleados, los emigrantes, entre otros. Luego apunta a la proyección apostólica en campos como la familia, moralmente amenazada; los jóvenes, sedientos de encontrar una respuesta a sus hondas inquietudes; los medios de comunicación social, como los nuevos areópagos y grandes responsables de la formación en criterios de la opinión pública.