El milagro musical de Venezuela
Como muy sabiamente diría C.S. Lewis, la música es un gran componente de la vida humana de un gran valor incluso espiritual, al punto de llegar a describir macabramente el infierno como “aquel lugar en el que no habrá ni silencio ni música”. Su nivel espiritual se une a un increíble poder como fuente de disciplina, de transformación personal y social, de humanización al llevar a la armonía diversas potencialidades del hombre, como fuerza pedagógica para las relaciones sociales, en fin, posee muchas riquezas en las cuales se han basado los principios de este interesante proyecto.


José Antonio Abreu fue nombrado Embajador de Buena Voluntad por la UNESCO en 1998 y galardonado con el Premio Internacional de Música por ese organismo en reconocimiento a su labor al servicio del desarrollo humano. Abreu nació en Valera, Trujillo, en 1939 y estuvo al frente del Consejo Nacional de la Cultura entre 1988 y 1993. En 1975 fundó la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar. En el 2001 recibió el Premio Nobel Alternativo por su labor humanista.
La iniciativa que comenzó un día con un grupo pequeño cuenta actualmente con más de 100.000 niños y jóvenes, quienes son formados musicalmente en las 120 orquestas juveniles, así como en las 60 infantiles. Este fenómeno se ha convertido en una gran cadena de iniciativas como la Camerata de Caracas, la Fundación Schola Cantorum de Venezuela (bajo la dirección del Maestro Alberto Grau, otro gran propulsor de este proyecto), el Proyecto Voces Andinas a Coro, la Academia Bach, el Sistema Nacional de Orquestas infantiles y juveniles y muchos más. Por años el Teatro Teresa Carreño de Caracas ha visto pasar a millones de niños que han dejado un legado de esfuerzo y trabajo en la acústica de la sala. Este proyecto es un verdadero milagro para Venezuela y para Latinoamérica.
Foto: Fundación Schola Cantorum de Venezuela