El milagro musical de Venezuela

Share

¿Quién dijo que los milagros no existen? ¿Qué son cosas del pasado o de unos pocos privilegiados que reciben revelaciones particulares? Claro que suceden. Pero en este caso, no me refiero a los actos en que lo sobrenatural se hace presente en el horizonte de lo inmanente, llevándonos a la experiencia honda de la sorpresa. En este caso me refiero a aquellos milagros generados por la grandeza y por la luz natural recibida de Dios que porta el ser humano y que en muchas ocasiones se ve brillar pristinamente en el mundo. Uno de esos milagros, además no un milagro unitario sino colectivo, y un milagro del que ya se habla mucho, es el que se está dando hace varios años en Venezuela con algo que toca el alma y el futuro de muchos como es el tema de la música.

Como muy sabiamente diría C.S. Lewis, la música es un gran componente de la vida humana de un gran valor incluso espiritual, al punto de llegar a describir macabramente el infierno como “aquel lugar en el que no habrá ni silencio ni música”. Su nivel espiritual se une a un increíble poder como fuente de disciplina, de transformación personal y social, de humanización al llevar a la armonía diversas potencialidades del hombre, como fuerza pedagógica para las relaciones sociales, en fin, posee muchas riquezas en las cuales se han basado los principios de este interesante proyecto.

La idea inicial fue del Maestro Jose Antonio Abreu, quien nunca se imaginó lo que sería en unos años un simple sueño. Con una clara conciencia del papel transformador de la música, el Maestro Abreu llevó a cabo la Red de Orquestas infantiles, cuyos primeros participantes son hoy día directores de otras orquestas y coros en Venezuela y el mundo, formándose así un verdadero proyecto que comienza a extenderse en la actualidad a otros países latinoamericanos. Abreu comprende su labor con una clara conciencia de que a través de este proyecto pueden cambiarse vidas y transformarse el rumbo de una nación: “una orquesta es una comunidad en la que los chicos aprenden lazos de solidaridad…y los profesores por su parte deben entenderse como trabajadores sociales, tanto en lo formal como en lo espiritual”.

José Antonio Abreu fue nombrado Embajador de Buena Voluntad por la UNESCO en 1998 y galardonado con el Premio Internacional de Música por ese organismo en reconocimiento a su labor al servicio del desarrollo humano. Abreu nació en Valera, Trujillo, en 1939 y estuvo al frente del Consejo Nacional de la Cultura entre 1988 y 1993. En 1975 fundó la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar. En el 2001 recibió el Premio Nobel Alternativo por su labor humanista.

La iniciativa que comenzó un día con un grupo pequeño cuenta actualmente con más de 100.000 niños y jóvenes, quienes son formados musicalmente en las 120 orquestas juveniles, así como en las 60 infantiles. Este fenómeno se ha convertido en una gran cadena de iniciativas como la Camerata de Caracas, la Fundación Schola Cantorum de Venezuela (bajo la dirección del Maestro Alberto Grau, otro gran propulsor de este proyecto), el Proyecto Voces Andinas a Coro, la Academia Bach, el Sistema Nacional de Orquestas infantiles y juveniles y muchos más. Por años el Teatro Teresa Carreño de Caracas ha visto pasar a millones de niños que han dejado un legado de esfuerzo y trabajo en la acústica de la sala. Este proyecto es un verdadero milagro para Venezuela y para Latinoamérica.

Foto: Fundación Schola Cantorum de Venezuela

También puedes revisar:

 

Déjanos un comentario





Revisa cuidadosamente tu nombre y tu e-mail antes de enviar. En caso de error, tu comentario será borrado.