La cuaresma, el Papa y la justicia
Por Carmen Elena Villa
Cada año el Papa escribe un mensaje invitando a reflexionar sobre uno o varios temas que se relacionan con este tiempo litúrgico.
Benedicto XVI se centró esta vez en el tema de la justicia. Comienza su mensaje citando la definición de justicia que hace el jurista romano Ulpiano en el siglo III: “Dar a cada uno lo suyo”, pero ¿qué significa “lo suyo”?, se pregunta el Papa. Es ahí donde el significado de justicia comienza a tomar diferentes rumbos.
“Lo suyo”, lo que a cada quién corresponde, es, por supuesto, el derecho a tener los bienes básicos para vivir. Pero también, y sobre todo, es la dignidad de cada ser humano que merece ser respetada. Por eso, cuando el hombre es visto como un ser que nada más vale por cuanto produce, o cuando se le limitan ciertas libertades, como la religiosa, es cuando comienza a gestarse la peor de las injusticias.
El Papa exhorta a que nos preguntemos de dónde viene la injusticia. Y aclara que no viene de una ideología externa. Esta sería una visión “ingenua y miope”.
La raíz de la injusticia está en “una extraña fuerza de gravedad -en el corazón de cada hombre- que lo lleva a replegarse sobre sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos”, fuerza de gravedad que el hombre puede desafiar con la voluntad y con la constante aceptación del mal y con lucha contra sus propias debilidades. Es eso lo que lo hace grande, lo que lo hace justo.
Por ello, la justicia comienza cuando el hombre logra “salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón”.
Sin embargo, ¿qué decir ante tantas injusticias que vemos día a día? El Papa en esta parte del mensaje presenta una voz de esperanza. Invita al hombre a vivir de la “justicia divina”. Se trata de la “justicia de la cruz”.
Esta cuaresma puede ser una oportunidad para acoger esa justicia “más grande”. Se trata de la justicia del Amor que hace que el hombre se sienta “más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar”.
Y cuando el hombre abre su corazón para aceptar esto, lo único que puede brotar de su interior son actos justos: “donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres” y donde la justicia “sea vivificada por el amor”, concluye su Santidad Benedicto XVI.
Cada año el Papa escribe un mensaje invitando a reflexionar sobre uno o varios temas que se relacionan con este tiempo litúrgico. Benedicto XVI se centró esta vez en el tema de la justicia. Comienza su mensaje citando la definición de justicia que hace el jurista romano Ulpiano en el siglo III: “Dar a cada uno lo suyo”, pero ¿qué significa “lo suyo”?, se pregunta el Papa. Es ahí donde el significado de justicia comienza a tomar diferentes rumbos.
“Lo suyo”, lo que a cada quién corresponde, es, por supuesto, el derecho a tener los bienes básicos para vivir. Pero también, y sobre todo, es la dignidad de cada ser humano que merece ser respetada. Por eso, cuando el hombre es visto como un ser que nada más vale por cuanto produce, o cuando se le limitan ciertas libertades, como la religiosa, es cuando comienza a gestarse la peor de las injusticias.
El Papa exhorta a que nos preguntemos de dónde viene la injusticia. Y aclara que no viene de una ideología externa. Esta sería una visión “ingenua y miope”.
La raíz de la injusticia está en “una extraña fuerza de gravedad -en el corazón de cada hombre- que lo lleva a replegarse sobre sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos”, fuerza de gravedad que el hombre puede desafiar con la voluntad y con la constante aceptación del mal y con lucha contra sus propias debilidades. Es eso lo que lo hace grande, lo que lo hace justo. Por ello, la justicia comienza cuando el hombre logra “salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón”.
Sin embargo, ¿qué decir ante tantas injusticias que vemos día a día? El Papa en esta parte del mensaje presenta una voz de esperanza. Invita al hombre a vivir de la “justicia divina”. Se trata de la “justicia de la cruz”.
Esta cuaresma puede ser una oportunidad para acoger esa justicia “más grande”. Se trata de la justicia del Amor que hace que el hombre se sienta “más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar”.
Y cuando el hombre abre su corazón para aceptar esto, lo único que puede brotar de su interior son actos justos: “donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres” y donde la justicia “sea vivificada por el amor”, concluye su Santidad Benedicto XVI.
*Artículo publicado en el diario El Colombiano el 16 de febrero de 2010.