Medios de comunicación al servicio de la evangelización
Breve pero muy fecundo. Así es el decreto Inter Mirífica, aprobado el 5 de diciembre de 1963, que hace parte de los documentos y conclusiones del Concilio Vaticano II. La sencillez hizo de éste un tratado poco debatido por los obispos y cardenales durante las sesiones conciliares. La reflexión de los prelados frente a la responsabilidad de la Iglesia de utilizar los medios masivos para la transmisión de la Buena Nueva y de guiar a los mismos publicando documentos sobre la ética de las comunicaciones sociales, se hizo concreta en dos realidades: la institución del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales y la implementación de las Jornadas Mundiales de las Comunicaciones Sociales, que anualmente y de manera ininterrumpida realiza la Santa Sede.
Es tradicional que el Papa haga público el tema de estas jornadas el 24 de enero, con motivo de la fiesta de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas.El tema de los medios de comunicación como agentes constructores de la educación de los niños y la responsabilidad de las familias fue el que escogió el Papa Benedicto XVI para las próximas jornadas que se realizarán el 20 de mayo de este año, cuando se conmemorarán 40 años de la Primera Jornada de las Comunicaciones Sociales, convocada en 1967 por S.S. Pablo VI. Iglesia y medios antes del Concilio
No obstante la importancia que la Iglesia le ha dado a los medios de comunicación no comienza con el Concilio Vaticano II. Desde el siglo XIX, cuando empezaban a popularizarse diversos medios masivos los Pontífices comenzaron a pronunciarse, a guiar, acompañar y a estar atentos a los nuevos desafíos y también al impacto negativo que éstos puedan traer para la opinión pública. Así lo narra el autor Jesús Ibarraguen en su libro El derecho a la verdad. Doctrina de la Iglesia sobre prensa, radio y televisión, de la Biblioteca de Autores Cristianos.
El Papa Gregorio XVI (1831 – 1846), por ejemplo, se pronuncia frente a los intelectuales y periodistas luego del surgimiento de importantes periódicos masivos como Le Figaró en Francia (1826), Penny Magazine (1833) o Illistrated London News, este último con un tono más satírico. Pío IX (1846-1878), al ser testigo de la formación de agencias como la Associated Press y la Reuters fue gran crítico con las publicaciones de revistas y periódicos cuyo pensamiento iba en contra de la fe de la Iglesia. El Pontífice apoyó también a los jesuitas en la fundación de medios escritos importantes como La Civilitá Cattolica en 1850 y L´ Ossevatore Romano en 1861. León XIII (1878 – 1903) recibió la primera audiencia de periodistas que convocó a más de mil personas y les advirtió cómo utilizar los medios de comunicación para hacer el bien. En sus múltiples obras, hizo un llamado a los periodistas sobre su deber y su papel constructivo o destructor. Por su parte, San Pío X (1903 – 1914) reconoció al cine en un documento eclesiástico dedicado al tema como un instrumento que puede ser útil para la formación religiosa de los fieles y de paso prohibió dentro de los templos, la proyección de los filmes. Un importante hecho histórico marcó el pontificado del Papa Benedicto XV (1914-1922): la Primera Guerra Mundial, en la que el sucesor de Pedro organizó emisiones revolucionarias por radio dirigidas a todo el mundo. El 12 de febrero de 1931, Pío XI (1922 – 1939) fundó Radio Vaticana, cuyo montaje lo realizó Guillermo Marconi. Este Papa escribió la primera encíclica sobre el cine Vigilanti Cura y la primera exposición mundial de prensa católica. La I Conferencia Episcopal Latinoamericana realizada en Río de Janeiro en 1955 presenta también una serie de resoluciones para la promoción de medios católicos. Indica que deben promoverse escuelas de periodismo católico y jornadas de prensa católica para que se creen así medios que además de ser atractivos, eviten todo cuanto pueda ofender a la verdad y a la moral cristiana. Pío XII y la revolución de las comunicaciones Era la primera vez que un Pontífice aparecía en la pantalla chica. Esto ocurrió el 17 de abril de 1949 con Pío XII (1939 – 1958), con una invitación de la televisión francesa. Suya es la única encíclica sobre prensa, radio y televisión que hasta ahora se haya publicado. Se tata de la Miranda Prorsus, a casi cincuenta años después de su publicación (8 de septiembre de 1957) sigue cobrando una gran vigencia por la manera como el Pontífice vislumbró cómo sería la transmisión televisiva de los grandes acontecimientos de la Iglesia que desde ese entonces podrían ser vistos por las personas de todas las regiones y países del mundo. Abordó también el tema de la opinión pública no sólo al interior sino al exterior de toda la Iglesia, acentuando el derecho de los usuarios de los medios de comunicación a informarse, expresar y contrastar con otros el propio parecer. El Papa Pacelli murió el 9 de octubre de 1958. Por primera vez en la historia podría verse a través de la televisión el sepelio de un Pontífice. Su sucesor Juan XXIII (1958 – 1963), colaboró en el periódico italiano L’ Eco di Bergamo, en el cual escribió artículos de diversas materias doctrinales, históricas e informativas. En su documento Buoni Pastoris, sobre la Iglesia y los medios de comunicación social, agradeció a los periodistas por el interés que tuvieron de cubrir el Concilio Vaticano II, inaugurado por él en 1962, en el que se creó una oficina de prensa especial para permitir que se le diera una cobertura objetiva y discreta a este evento. También alentó la creación de iniciativas de periodismo católico en Latinoamérica y Europa. Igualmente exhortó a sacerdotes y especialistas seglares para que se involucraran en la tarea evangelizadora a través de la radio y la televisión bajo la guía de la encíclica escrita por su antecesor. El Concilio y los Medios Aunque la conciencia de la importancia de los medios de comunicación no era tan acentuada como lo ha sido en los últimos años, el Concilio Vaticano II incluyó dentro de sus decretos, uno que se refirió de manera especial a los medios de comunicación social. Inicialmente se propuso Inter Mirífica como una constitución dogmática pero por la especificidad del tema, éste fue aprobado como decreto. El documento presenta una visionaria y sintética reflexión sobre temas como la recta conciencia en el uso de los medios de comunicación, la información que siempre debe ser “objetivamente verdadera, salvada a la justicia y la caridad íntegra (…) honesta y conveniente, que respete las leyes morales del hombre, sus legítimos derechos y dignidad” (# 5). Se trata de un documento dirigido a un público muy diverso que va más allá de los periodistas y directores de medios masivos. Si bien son estos los primeros destinatarios, a quienes se exhorta a la primacía del orden moral, el cumplimiento de deberes como la justicia y la caridad, dedica también algunos acápites a los consumidores de medios a quienes invita a hacer una recta elección que contribuya a la “virtud, la ciencia y el arte” (#9) y se evite lo que pueda causar daño espiritual. Casi 40 años más tarde se retomarían y actualizarían estas reflexiones para la celebración del Jubileo de los Periodistas en el año 2000. Inter Mirífica invita también a las autoridades a que defiendan la “verdadera y justa libertad que la sociedad moderna necesita absolutamente para su provecho, sobre todo en lo que atañe a la prensa” (#12). Así, quedó claro que la Iglesia debe utilizar las herramientas que trae consigo el desarrollo tecnológico y hacer de los medios de comunicación nuevos focos de difusión de la Buena Nueva, con una rectitud de doctrina y una impecable calidad técnica, así como la elaboración de programas de formación para periodistas católicos y para religiosos y sacerdotes que se sientan llamados a trabajar e impulsar los medios de comunicación. Otras iniciativas que presenta este decreto tienen relación con el apoyo económico y creación de jornadas de comunicaciones. La reflexión continúa y va madurando “Cuanto más grandes, por lo tanto, son la potencia y la eficacia ambivalente de estos medios, tanto más atento y responsable debe ser el uso de los mismos”, dijo S.S. Pablo VI al convocar a la Primera Jornada de las Comunicaciones Sociales, casi dos años después de la clausura del Concilio. Sería este el primer fruto inmediato de este decreto. Un año después, la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín siguió en la línea de estas reflexiones y dedicó también un capítulo a los medios de comunicación en cuyas conclusiones afirma que “no será posible, en el mundo de hoy, cumplir con la misión que Cristo le confía, de llevar la Buena Noticia hasta los confines de la tierra, si no se utilizan los medios de comunicación social, ya que estos pueden llegar de manera masiva a un público más numeroso donde muchos misioneros no pueden estar presentes”. La comunión y el progreso fueron los temas y el título del primer documento de instrucción pastoral publicado por el entonces naciente Pontificio Consejo para las comunicaciones sociales: Comunio et progressio (1971). “Los medios de comunicación social no conseguirán su finalidad de contribuir al progreso humano, si a la vez no se enfrentan a los interrogantes y dificultades que acucian al hombre y si no aseguran la esperanza de nuestro tiempo, favoreciendo una amplia comunión entre todos los hombres que creen en un Dios viviente…” (# 96), señala el documento que además presenta una reflexión sobre el diálogo entre la Iglesia y el mundo y las responsabilidades particulares de cada uno de los medios de comunicación. Para celebrar el vigésimo aniversario de esta publicación, el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, durante el pontificado de Juan Pablo II, brindó nuevas reflexiones, más actuales y críticas con el documento Aetatis Novae (1992) o Una nueva era. Presenta una denuncia sobre la a veces inadecuada aplicación de la tecnología de las comunicaciones, la discriminación social y la negación del derecho a la información a personas de clases menos favorecidas. Igualmente es un documento en el que se exhorta a la transmisión de valores sanos y elecciones prudentes y se propone que cada Conferencia Episcopal elabore un plan pastoral completo sobre las comunicaciones sociales. “La Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez más. Con ellos la Iglesia “pregona sobre los terrados el mensaje del que es depositaria. En ellos encuentra una versión moderna y eficaz del “púlpito”. Gracias a ellos puede hablar a las masas”, concluye Pablo VI en la exhortación apostólica Evangeli Nuntiand (1975) sobre la evangelización del mundo contemporáneo. Por su parte, la III Conferencia Episcopal de Puebla, hizo un análisis más crítico frente a los medios de comunicación, toda vez que advirtió el peligro que puede existir si estos se utilizan para fines mezquinos como la manipulación ideológica, el monopolio de la información y el alto contenido de programación extranjera que ocasiona en muchos casos, una transculturación de valores impuestos, especialmente por la cultura norteamericana. Por ello, se resaltó el compromiso de los agentes pastorales con la comunicación social y se exhortó a que existan cada vez más religiosos y laicos comprometidos con el periodismo y a que la Iglesia tenga sus propios canales de comunicación para que pueda difundir sus enseñanzas y llegar a muchos lugares. La Conferencia Episcopal de Santo Domingo (1992), hizo énfasis en la opción preferencial por los pobres e invitó a utilizar los medios de comunicación para educar y brindar opciones alternativas de entretenimiento a esta población. También se planteó la necesidad de preparar a la familia para que sepa utilizar los medios de comunicación y exhortó a que se generen nuevos esfuerzos y se orienten estrategias de comunicación donde se creen condiciones para fomentar los valores culturales propios de cada región. Aplicaciones para el tercer milenio El 4 de junio de 2000 se celebró en Roma el Jubileo de los Periodistas, un acontecimiento enmarcado dentro de las diferentes celebraciones del Año Santo, convocado por Juan Pablo II, que contó con la masiva asistencia de miles de personas que ejercen este oficio, provenientes de diferentes lugares del mundo. “Proclamar a Cristo en los medios al alba del nuevo milenio no es sólo parte sustancial de la misión evangelizadora; constituye también un enriquecimiento vital, inspirador y lleno de esperanza para el propio mensaje de los medios”, aseguraba el recordado Pontífice. Este evento dejó como legado el documento Ética de las Comunicaciones Sociales 2000, a cargo del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales: “los medios de comunicación social no hacen nada por sí mismos; son únicamente instrumentos, herramientas que la gente elige usar de uno u otro modo”, aclara, y plantea una serie de principios éticos a la hora de transmitir la información que consta de tres áreas: mensaje, proceso y cuestiones estructurales y sistemáticas y cuyo principio ético consiste en que “la persona humana y la comunidad humana son el fin y la medida del uso de los medios de comunicación social; la comunicación debería realizarse de personas a personas, con vistas al desarrollo integral de las mismas” (# 21). Frente al acelerado desarrollo tecnológico, el documento advierte del peligro que puede traer la interactividad de los medios con las relaciones interpersonales “Se necesita una investigación continua sobre el impacto y, en especial, sobre las implicaciones éticas de los medios de comunicación, tanto nuevos como emergentes” Dos años más tarde, también el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales publica el documento Ética de Internet, que advierte la visión idealista que muchos tienen sobre lo que llamarían el “nuevo reino, la maravillosa tierra del ciberespacio, donde cualquier tipo de expresión estaba permitida y la única ley era la completa libertad de hacer cada uno lo que le pareciera” (# 8). Por eso habla de la importancia de que la Iglesia tenga una “presencia visible y activa en Internet y sea interlocutora en el diálogo público sobre su desarrollo”. Televisión y nueva evangelización
Pese al nacimiento de los nuevos medios, la Iglesia no descuida su reflexión sobre medios tradicionales como la televisión que sigue teniendo un papel protagónico dentro de la oferta de medios de comunicación y cuyo poder puede ser altamente edificante o destructor, dependiendo del contenido de los mensajes. La presencia de canales católicos dentro de las ofertas de programación nacional e internacional y la preocupación por el contenido ideológico violento, superficial y sensual que traen muchos programas de televisión, hizo que los periodistas católicos se reunieran a debatir sobre los alcances y posibilidades de este medio, primero en el primer Congreso de Televisión Católica Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Medellín en mayo pasado, en el que se habló sobre cómo la lógica del mercado pretende imponerse en la acción cotidiana del hombre, desafío que lleva a los productores católicos a hacer de la televisión un instrumento de personalización que les permita encontrarse con la persona de Jesús. Esto sin sacrificar nunca los principios estéticos que hagan de la televisión un medio en el que se conjuguen la entretención, la atracción y el aprendizaje y asimilación de valores cristianos. El evento celebrado en Colombia sirvió como antesala para que en octubre pasado se realizara en España el Congreso Mundial de Televisiones Católicas. Como fruto de este certamen, el actual jefe de prensa de la Santa Sede, Padre Federico Lombardi, anunció la creación de una red de televisiones católicas, para conformar un ideario común y una línea de actuación conjunta y homogénea, que comprometa al conjunto de medios de comunicación social de orientación católica distribuidos por todo el mundo, al igual que un banco de producciones televisivas católicas de todo el mundo para unir esfuerzos en la tarea de evangelizar este medio de tan gran alcance. A las puertas de la V Conferencia Episcopal Latinoamericana se pondrá al servicio de la Iglesia las nuevas tecnologías que por primera vez se implementarán el sistema On-line –SPOL-, herramienta que permitirá a las personas autorizadas, introducir y editar textos sobre la base del documento de participación elaborado para dicho evento eclesial. Continuarán así las reflexiones sobre el papel de la Iglesia y los medios de comunicación, los nuevos desafíos y horizontes del periodista católico y las demandas de la opinión pública. Una importante formación tanto religiosa como periodística y la constante lectura y reflexión de los documentos que durante estos años ha producido la Iglesia sobre este tema, son tareas importantes y urgentes para el periodista y productor católico, para brindar un contenido integral a sus espectadores. En primer lugar, porque el periodismo católico no consiste sólo en nutrir emocionalmente el corazón del receptor sino en brindarle criterios con una base sólida para formar su fe.
Iglesia y comunicación social, dos realidades que juntas pueden hacer un inmenso bien, complementándose la una de la otra, como bien lo decía el recordado Juan Pablo II en la 33º Jornada de las Comunicaciones Sociales: “La cultura de la sabiduría propia de la Iglesia, puede evitar que la cultura de la información propia de los medios de comunicación se convierta en una acumulación de hechos sin sentido; y los medios de comunicación pueden ayudar a la sabiduría de la Iglesia a permanecer atenta a los conocimientos siempre nuevos que van surgiendo en la actualidad”
Por Carmen Elena Villa Betancourt
Periodista