¿Tiene razón Dan Brown?
Muchas veces la historia no se presenta tal cual es, sino como “le parezca mejor” a quien la escribe. A esto se debe añadir la falta de crítica de muchos lectores que asumen como verídicos los hechos presentados por un autor por el simple hecho de ser “reconocido”. ¿No es esto acaso lo que viene ocurriendo con la novela de Dan Brown? Su libro, “El Código Da Vinci”, que salió al mercado en el 2004, ha sido traducido a 30 idiomas, ha transformado la ficción en hechos reales y se ha convertido en un best-seller, superando los 30 millones de ejemplares vendidos. Ha sido traducida a 30 idiomas.
Según expuso el teólogo de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, R.P. Mauro Gagliardi*, en una conferencia realizada en Lima en julio pasado sobre Las Leyendas Negras de la Iglesia y el complejo anti-católico, los datos que maneja esta novela se basan en los hechos ocurridos en 1975. “En la Biblioteca Nacional de París, fueron descubiertos algunos pergaminos, conocidos como Les Dossier Secrets que contendrían la historia del Priorato de Sión, elemento bisagra en la novela de Brown. Dado que esta página fue muy criticada, a partir de la sexta edición italiana desapareció y fue reemplazada con una página en blanco, aunque la página en cuestión ha permanecido en la edición original inglesa. Finalmente, en estos últimos meses, las reimpresiones del volumen la incluyen de nuevo.
Tenemos entonces que Brown señala a su lector que lo que escribe es una novela, pero que lo que se refiere al Priorato de Sión, a su historia y a las informaciones conexas es rigurosamente histórico y documentado. ¿Pero es verdad lo que Brown afirma acerca del hallazgo de aquellos pergaminos en París? No, es falso. Efectivamente, los pergaminos fueron depositados –no encontrados, como él dice– en la Biblioteca Nacional de París en 1967, y no en 1975 como el autor quiere afirmar. Es absolutamente cierto que aquellos pergaminos son falsos, y fueron recopilados en el mismo 1967, pues todas las personas involucradas en la producción de aquellos falsos documentos lo han reconocido abiertamente algunos años después. El mayor promotor de la iniciativa responde al nombre de Philippe de Chérisey, (1925-1985), quien ha admitido varias veces, tanto a través de cartas como en algunos textos publicados, que confeccionó estos pergaminos con sus manos. Es más, ya en el 1967, el abogado de Chérisey escribió a los clientes de la obra, es decir a Gérard de Sède y a Pierre Plantard, porque su cliente no fue pagado nunca después de haber entregado su trabajo. La carta del abogado está también en posesión de los historiadores. Para otorgar una certeza definitiva podemos decir que los mismos clientes que apenas he citado declararon públicamente y por escrito de haber mandado a preparar estos documentos falsos.
¿A pesar de que no tengan ningún valor histórico, por qué Dan Brown da tanta importancia a aquellos textos? La tesis central de los pergaminos falsos de París es que los legítimos sucesores al trono de Francia todavía son los descendientes de la dinastía de los Merovingios, que fue destronada en el 751 por los Carolingios. Los pergaminos sustentan además que los Merovingios no han desaparecido, sino que su dinastía continúa hasta hoy y, casualmente, finaliza justo con Pierre Plantard, uno de los clientes de los documentos falsos. Tenemos así que, si es que fuese restaurada la monarquía en Francia, Plantard sería hoy el heredero legítimo al trono. Ahora, los documentos sostienen también que para proteger la dinastía carolingia de los Merovingios, habría nacido una sociedad oculta, llamada el Priorato de Sión, que habría tenido entre sus Grandes Maestros personajes como Nicolás Flamel, un esoterista también citado en la saga de Harry Potter; Johann Valentín Andreae, que está al origen del orden esotérico de los Rosacruces; además de algunos científicos como Leonardo de Vinci e Isaac Newton y escritores como Víctor Hugo o el músico Claude Debussy. Plantard sería -siguiendo los documentos- el actual Gran Maestro. Ahora, quien ha leído “El Código De Vinci” sabe que en la novela los Merovingios, protegidos por el Priorato de Sión, no son presentados como herederos del trono de Francia, sino como descendientes directos de los hijos nacidos del matrimonio entre Jesús y Maria Magdalena. Ahora, de esto no hay huella en los falsos documentos remitidos a la Biblioteca de París. Entonces Brown inserta aquí un elemento externo dejando entender que esto es confirmado por pergaminos antiguos y ocultos. Este elemento afirma sustancialmente que Jesús, a pesar de lo que dicen los evangelios oficiales y la Iglesia, o, mejor dicho, el Vaticano, no fue célibe, sino casado.
La leyenda del matrimonio o una unión sentimental entre Jesús y Maria Magdalena es antigua y se remonta al gnosticismo, forma herética del cristianismo que se difundió en el siglo II. Los seguidores insertaron elementos cristianos sobre un sistema filosófico y religioso preexistente. Aparentemente fue una forma de cristianismo entre otras, pero en realidad de cristiano sólo tenía algunas referencias a personajes y a enseñanzas del NT. El gnosticismo produjo numerosas obras escritas, algunas de los cuales están bajo el nombre de evangelios gnósticos. En estas obras, se propone la tesis de un vínculo afectivo particular entre Jesús y la Magdalena y también de los celos de los apóstoles, ya que Jesús le daba muchos besos en la boca a Magdalena. Los evangelios gnósticos no dicen nunca que los dos hayan tenido hijos. De todas maneras, todos los estudiosos serios opinan unánimemente que los textos gnósticos no tienen ninguna consistencia histórica. Aún así, debemos afirmar que no sólo Brown no ha inventado el cuento de la boda entre Jesús y la Magdalena, sino que ni siquiera ha sido él a unirla con la historia del Priorato de Sión: también en esto alguien lo hizo antes que él, un cierto Henry Lincoln, (aunque éste sea un seudónimo).
El título de la novela nos lleva también a recordar otro aspecto característico de la obra de Brown. Habiendo sustentado que Leonardo De Vinci fue Gran Maestro del Priorato de Sión, luego afirma que el gran genio italiano habría dejado huellas de esto en el célebre fresco de “La última cena”. Según Brown, en la obra maestra leonardesca, el personaje representado a la derecha de Jesús sería no un apóstol sino Maria Magdalena. Brown afirma en la novela que, por orden de Jesús, la Magdalena habría debido guiar a los discípulos después de su muerte. Por eso, la Iglesia oficial o bien lo que hoy se llama el Vaticano, ha tenido siempre escondida la relación entre Jesús y Maria Magdalena para evitar perder el propio privilegio de guiar la Iglesia. Brown también llama en causa al Opus Dei y construye un cautivador enredo de hechos, los cuales dejan cada vez peor a la Iglesia Católica y a sus instituciones.
Pero volvamos a Leonardo. Dije que Brown sustenta que la Magdalena está en el fresco de “La última cena” porque piensa que la figura a la derecha de Jesús es una mujer y no un apóstol. La profesora Judith Verónica Field, Docente de la University of London y Presidente del Leonardo da Vinci Society, es decir, una de las mayores especialistas contemporáneas sobre Leonardo, ha definido como absurdas las afirmaciones de Brown. Pero, admitiendo también que Brown tuviera razón, eso no demuestra las tesis de su libro. En efecto, como el estudioso italiano Massimo Introvigne ha declarado, “admitiendo absurdamente, que para Leonardo la persona sentada a la derecha de Jesucristo en La última cena fuese una mujer, todavía tenemos que preguntarnos de qué manera esto demuestra que:
a) él creía que aquella mujer era la Magdalena;
b) el hecho que porque Leonardo lo creyera prueba que sea verdadero;
c) la Magdalena ha participado en la última cena porque era la mujer de Jesús;
d) el hecho que los dos hayan tenido hijos;
e) que estos habrían tenido que gobernar la Iglesia;
f) el hecho que para preservar esta verdad haya nacido un orden oculto llamado Priorato de Sión; del que también hizo parte Leonardo”.
De lo dicho, podemos deducir que “El Código da Vinci” es un caso de engaño y difamación, al mismo tiempo sutil y campante contra la Iglesia católica. Pero también debemos preguntarnos: ¿Cómo es posible que un tal mejunje de errores y falsedades haya vendido cerca de 17 millones de copias en el mundo? Una de las causas de tal éxito se puede hallar en la habilidad del autor, que posee un estilo cautivador. Por otro lado, todo se juega por la dimensión secreta y por las cosas misteriosas de la sociedad, las cuales serían pilotadas por complots de sectas ocultas: estos elementos se venden muy bien en nuestros días. Sin embargo, esto no justifica un éxito editorial tan extraordinario.
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* El Padre Mauro Gagliardi es Doctor en Teología de la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, y docente en importantes universidades e institutos de Roma y Nápoles. Este es un extracto de la conferencia Leyendas Negras de la Iglesia y el complejo anti-católico organizada en julio por la Asociación Cultural Círculo de Encuentro.