Imagen, Ceremonia y Oración: Los frescos de San Marcos

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Daniel Hill – Australia
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Santo Domingo con el Crucifijo fue indudablemente elegida como la imagen principal por la asamblea del priorato.1 Su iconografía básica define la del resto de los trabajos, en el salón capitular y en los dormitorios.2 Esta imagen se encuentra ubicada en el muro del claustro directamente opuesto al lugar de ingreso de los laicos y los frailes. El fresco mide 3,5 metros de altura y 1,5 metros de ancho (luego de las alteraciones de Cecco Bravo; sería mucho más amplio).3 Para los estándares de la época se trata de una obra inmensa, con la figura en tamaño real de Santo Domingo ubicada cerca al nivel de los ojos de los espectadores.4 Originalmente, el borde inferior de la imagen se encontraba a la altura del hombro para encajar con la aspillera de la ventana en la zona más inferior del claustro.5 El borde superior se encuentra paralelo a la curva de la bóveda de Michelozzo, sólo visible actualmente si se destruyera el último marco existente todavía.6 Actualmente, el tamaño del fresco y su forma original se encuentran paralelos a la puerta de entrada al otro lado en el final del claustro.7 Esta conexión no es solamente una cuestión de simetría. Fray Angélico dio a la pintura la apariencia de perforación a la pared, creando una nueva realidad totalmente diferente a la del claustro y sus ambientes basados en los sentidos físicos, los abre a los espirituales; 8 Santo Domingo está “allí” mediando como cualquiera de los frailes habría hecho. Se le muestra como ejemplar en la vida de meditación a la misma “puerta” del priorato. Esta “perforación” se enfatiza por la manera en que Fray Angélico compuso el campo de la pintura. El fondo está pintado en un azul oscuro plano, con un color arenoso tipo desértico que levanta el piso de abajo y modelado para promover el detenerse.

Logró un excelente resultado en su intento por enfatizar la humanidad de Cristo a través de la representación de su Santo cuerpo.9 El estudio de los músculos muestra una preferencia y un conocimiento profundo de la composición de la psicología humana. Aunque visualmente se encuentra influenciado por otros, la imagen es única y claramente original en sus cualidades.10

La fuente de luz se encuentra en la parte superior derecha y en sí misma pronuncia la textura y la composición de la figura del Salvador. Modela el rostro, enfatizando los ojos y la nariz y añadiendo definición al cabello. Así mismo, remarca particularmente el cuerpo, haciendo que el templado abdomen y las protuberantes costillas sean imposibles de pasar por alto para el observador meditativo.11 Golpes de cepillo delgados añaden detalles a la imagen, mostrando que Cristo tiene su boca ligeramente separada.12 De igual manera estos finos golpes articulan el antebrazo, el pubis y el cabello facial del verdaderamente “humano” Jesús.13 Además, los labios, piel y sangre roja de pura hematites, tanto Su cabeza como sus costados y en la parte baja de su rostro y en el madero, añaden claridad y realismo.14

El énfasis en la naturaleza humana del Hijo de Dios es un acento central de la espiritualidad dominica. Fundados durante las herejías albigense y cátara, los Frailes Predicadores necesitaban combatir la idea de que el cuerpo era un objeto depravado, una encarnación de la esfera de la maldad del dios cátaro. Para combatir esta noción, los dominicos enfatizaron la completa humanidad de Cristo, en un esfuerzo por demostrar la bondad de toda la creación física de Dios, aunque (a excepción de Cristo y Su Madre) corrompidos por el pecado original de Adán y Eva. Esta bondad inherente al cuerpo por lo tanto, hace posible al hombre la oración, no sólo a través de su mente, sino también físicamente, llevando a una fuerte noción de una inseparable unión entre el cuerpo y el alma que caracterizó a los dominicos. Con este conocimiento se puede comprender la imagen de Santo Domingo con mayor claridad.

El punto de fuerza de la pintura es el rostro de Santo Domingo y, al igual que en su imagen del salón capitular (ver más abajo), es en muchas maneras la clave para comprender la función de las pinturas de San Marcos como un todo.15 La imagen se caracteriza por un alto grado de emoción. Santo Domingo, al parecer, no puede espiritualmente ni físicamente desprenderse de la cruz16 Generalmente esta imagen es el retrato típico del fundador en la mayoría de los claustros, pero es mucho más si se hace un cercano escrutinio; el tipo de escrutinio que realizaba un fraile al pasar por la imagen alrededor de seis veces al día por lo menos.17 Esta visión cercana permite que veamos sus ojos llorosos, su incipiente barba, sus coloradas orejas y las venas de sus manos. El De Modo Orandi de un monje en Bolonia está contundentemente representado en esta imagen. El observante de la regla dominica era animado a meditar a través de las posiciones de intensa oración de su cuerpo. Asímismo era gobernado por la regla y las Constituciones que regulaban su forma de vida y la forma en que era regida la orden. Los Frailes Predicadores aplicaron la noción de los modos litúrgicos no solo en sus actos dentro de la capilla, sino también para afrontar situaciones de la vida cotidiana según lo dictado por sus constituciones.18 Una de estas leyes era que cada fraile debía tener la imagen de Cristo Crucificado, Santo Domingo o la Virgen María para contemplarla en su celda.19 Es ampliamente posible (pero obviamente improbable) que el original, también incluyera las imágenes de María y San Juan Evangelista.20 Así, la pintura, lo primero que se ve al ingresar al convento, emula ambos aspectos de la observancia de la vida dominica, centrada en los dos maestros que desean imitar, Santo Domingo y su maestro, Cristo.21

CRUCIFIXIÓN

Del mismo modo que Santo Domingo y el Crucifijo es una introducción pictórica a la vida del fraile dominico, la Crucifixión de la sala capitular es una completa emulación de los temas del priorato de San Marcos.22 La sala capitular era el lugar más importante después de la Capilla en el cual los monjes se reunían cada día en capítulo para discutir los asuntos de interés de su comunidad. Era llamado también el “capítulo de las culpas”. Era en este lugar donde también eran iniciados, aceptados o negados, los miembros de la orden y también allí se llevaron a cabo diversos asuntos particulares con personas de fuera. La imagen está enmarcada en la parte inferior por representaciones de medallones con famosos santos dominicos. Comienza con Santo Domingo, sosteniendo la vid del árbol en cada mano. Esto refuerza a Santo Domingo como la “fuente” humana de la orden y que sus glorias provienen de su santidad inicial. El marco abarca la amplia curva del fresco y por otro lado funciona como una manera de unirlo a la liturgia que los frailes celebraban, particularmente a la Semana Santa y en el sacrificio de la misa, donde los actos salvíficos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo eran recreados.23

La iconografía del pelícano que está sobre la cruz, que se dirige de la calavera de Adán a Santo Domingo (bajo la cual el prior se debería sentar), subraya la conexión entre las constituciones de la orden y el plan divino. La primera inscripción no es bíblica sino tomada de Dionisio el Areopagita; Deus Nature Patitur (Dios sufre en Su naturaleza). Las otras ocho inscripciones son textos de los Profetas y los Patriarcas. Sirven como introducción a los textos más amplios que los frailes debían haber conocido y por lo tanto servían como una ayuda para la meditación en la Crucifixión.24 La última inscripción es sostenida por una Sibila Eritrea que termina Morte morietur, tribus diebus somno subscepto et tunc ab inferis regressus ad lucem veniet primus (Morirá por la muerte, en el tercer día será el primero en resucitar del dominio del sueño a la luz desde las profundidades del infierno). El ciclo de la Pasión es representado aquí. Se unen en la imagen cómo Dionisio abre con la pasión, la Sibila cierra con la Resurrección y los profetas explican la misión de Dios, tres de cuyas inscripciones ocurren durante la semana santa en sí misma25 Sobre la cruz, el símbolo del Pelícano en actitud de piedad, un símbolo eucarístico de Cristo vertiendo su sangre y dándola a tomar a su pueblo en el cáliz, llama la atención de los frailes de nuevo sobre la liturgia, mientras la inscripción Similis factus sum pellicano solitudinis (Yo me he transformado como un pelícano en el páramo) tomado del salmo 101, enfoca esta herramienta iconográfica directamente en el sufrimiento de Cristo convirtiéndose en otra ayuda a la meditación.26 El borde irregular rojo y verde conecta la escena con otras partes del priorato, especialmente con el crucifijo en el vestíbulo del dormitorio y los arcos en forma de luna del claustro.

Los santos “no históricos” cumplen la función de representar tanto los lazos cívicos como los personales del priorato, así como la observancia de la espiritualidad. En el lado izquierdo, se encuentra San Marcos el patrono de la Iglesia, San Juan Bautista de Florencia y Lorenzo, Cosme y Damián que eran los patrones de los Médicis. A la derecha, Santo Domingo tiene la primacía de lugar por su carácter de fundador, mientras San Agustín se encuentra de segundo ya que los dominicos adoptaron su regla. Existe una cierta confusión sobre el siguiente personaje. Hood lo describe como San Antonio Abad27, mientras Moraciello lo identifica como San Ambrosio.28 Mientras la primera figura después de Domingo es definitivamente un obispo, la iconografía de el segundo lo hace más posiblemente cercano a Antonio Abad, el fundador del monasticismo occidental. Se encuentra vistiendo un hábito, sostiene su báculo hacia adentro, signo de un Abad, y porta un libro y algo más, que posiblemente simboliza una regla. Ambrosio nunca escribió una regla monástica. El resto de los santos religiosos fueron grandes reformadores en sus órdenes, algo que los observantes desean imitar, con los Santos Pedro Mártir y Tomas de Aquino completando las filas dominicas.

La imagen en sí misma está un poco deteriorada, el fondo oscuro era originalmente de azurita, aplicado al secco sobre los morellones y superficies blancas ahora visibles creando diferentes sombras29 En aquel tiempo la imagen debió ser incluso más oscura de lo que podemos apreciar ahora. Hood lo compara con la oscuridad de las Tinieblas; una liturgia de Semana Santa en la cual las velas de la Iglesia se extinguen lentamente hasta que llega la absoluta oscuridad cuando se lleva a cabo la muerte de Cristo, después de ello el coro realiza un fuerte y estridente sonido imitando el sonido del temblor de la tierra cuando Jesús murió. 30 Esto de hecho tendría una fuerte influencia en la manera en que los frailes percibían la imagen y los diseños serían totalmente claros para ellos. Pero esta oscuridad no es simplemente una creación del telón plano del fondo. La imagen es emocionalmente oscura porque solamente Dimas, el buen ladrón, quien acaba de escuchar “…hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”31 resplandece en la oscuridad, como aquél que presagia la alegría de la resurrección y la certeza de la salvación que continúa al sufrimiento del Calvario.

Cada santo, si se mira a todos, medita en el sufrimiento de la virgen cuya postura se encuentra paralela a la de su Hijo.32 Los frailes son invitados a recordar que María sufrió con Jesús por su profunda unión con Él como dijo el profeta Simeón: “Y una espada atravesará tu corazón, para que queden al descubierto los pensamientos de muchos corazones” 33 Y así se representa en este fresco en el cual el material más costoso es usado; María esta coloreada con azul ultramarino, mientras los santos a su alrededor se engalanan de un rojo bermellón y un verde malaquita. Esta forma de coloración tiene la función de subrayar la importancia de María dentro de la imagen. Se recuerda a los frailes que María no es solo la principal mediadora entre Dios y la humanidad, sino también un modelo de contemplación, que “medita todas las palabras en su corazón” 34

La imagen tiene la intención de animar a quienes la ven a meditar en el misterio de la Pasión. Esta invitación está explícitamente retratada en San Marcos y San Juan Bautista, quienes miran directamente hacia los observadores. San Juan señala la accion central, mientras San Marcos muestra un libro abierto. Se ha descubierto que anteriormente tenía letras inscritas en él, y se podría asumir que sería el inicio de la narración de la pasión según San Marcos. 35

El tipo de meditación a la que invita la imagen se indica en todos los frescos de San Marcos. No se trata de la imagen de un crucifijo, sino de una escena de la crucifixión. Sin embargo, no pareciera ser el objetivo del pintor la representación simplemente de un evento histórico.36 Tampoco pretende hacernos creer que los santos (excepto aquellos que estuvieron históricamente en el lugar) estuvieron de alguna manera físicamente presentes “allí” en la escena real.37 Más bien, la intención es representar las diferentes reacciones de los santos ante los eventos que se llevan a cabo, y la manera en la cual los frailes están llamados a meditar.38 Al igual que la imagen del claustro, el fresco de la sala capitular da vida a los santos y a sus hábitos. Al igual que la imagen a tamaño natural del claustro trae a Santo Domingo al mundo de los frailes, así de manera similar la imagen tamaño natural de la Crucifixión lleva al fraile, en cierto sentido, a la meditación con los santos. Así mismo puede contemplar sus reacciones ante la escena, revivir la invitación de una inscripción o recordar las lecturas de la pasión desde las liturgias del Domingo de la Pasión y del Viernes Santo.39

La Crucifixión del Salón Capitular es mucho más compleja que la imagen del claustro, pero de alguna manera actúa como una expansión de los temas de Santo Domingo con el Crucifijo. La imagen invita a todo aquel que la mire a contemplar la pasión como la epítome de la obediencia necesaria en el “capítulo de las culpas”, pero también como el tema central de la Iglesia en la liturgia de la pasión y el objetivo de la meditación de cada monje individualmente para recordarle al ser incluido en el salón capitular, que aquellos santos también eran sus hermanos en el orden sobrenatural.40

1 William Hood, Fra Angelico: The San Marco Frescoes, New York, 1993, p 148.

2 Ibid.

3 Ibid.

4 Ibid.

5 Ibid.

6 Ibid., 149.

7 Ibid., 148.

8 Ibid.

9 Ibid., 149.

10 William Hood hace una conexión entre este trabajo y la Trinidad de Massacio, el Crucifijo en la Santa Cruz de Donatello y el Crucifijo en Santa María Novella de Brunelleschi, Ibid.

11 Ibid., 152.

12 Ibid.

13 Ibid.

14 Morachiello, op.cit., p170.

15 Hood, Fra Angelico; The San Marco Frescoes, op.cit., p 152.

16 Morachiello, op.cit., p 170.

17 Hood, Fra Angelico; The San Marco Frescoes, p 154.

18 Ibid., p200.

19 Ibid., 155.

20 Ibid.

21 Ibid., 158.

22William Hood, Fra Angelico; San Marco, Florence, New York, 1995. p106.

23 Hood, Fr Angelico: The San Marco Frescos, p 188.

24 Ibid.

25 Ibid.

26 Ibid., p189.

27 Ibid.

28 Morachiello, op.cit., p 193.

29Ibid.

30 Hood, Fra Angelico; The San Marco Frescoes, p 190.

31 Luke 23:43, de la traducción Douy-Rheims de la Biblia.

32 Hood, Fra Angelico; The San Marco Frescoes, p 190.

33 Luke 2: 35, op.cit.

34 Ibid., 2: 51.

35 Hood, Fra Angelico; The San Marco Frescoes, p 190.

36 Ibid.

37 Ibid.

38 Ibid.

39 Ibid.

40 Ibid.

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