J.J.R. Tolkien: Mito hecho realidad

Share

Por Mónica Zúñiga

Hace ya 10 años que leí por primera vez El Señor de los Anillos y simplemente me fascinó. Hace también 10 años que conozco a J.R.R. Tolkien, su autor, y que admiro profundamente su ingenio e imaginación al haber sido capaz de crear la Tierra Media, pariente lejana de nuestra propia Tierra, y donde dio vida a distintas razas de seres, dándoles a cada uno un lenguaje particular y con ello una historia y cultura específica.

Hace dos años que vivo en Inglaterra, lugar donde brotó la semilla de lo que luego sería la Tierra Media. Sus verdes e interminables campos, sus colinas y ríos, sus pequeñas casas de piedra y madera, las chimeneas humeantes anunciando que se acerca la hora del té, las vacas, las ovejas, los caballos pastando en los campos son para mí un espejo que refleja la amada Comarca de Frodo, más aún, la amada Comarca de Tolkien, pues si tuviera que describir en una sola frase al autor de la saga épico-mítica que fue elegida como la mejor obra literaria del siglo XX diría simplemente: J.R.R. Tolkien fue un hobbit.

Sin embargo, para muchos que no han tenido la oportunidad de leer el libro o ver la trilogía esta descripción no es de mucha ayuda para conocerlo mejor por lo que a continuación trataré de desarrollar un perfil general sobre su vida y obra.

¿Quién fue J.R.R. Tolkien? Muchos han tratado de responder esta pregunta pero al quedarse en factores externos no han hecho sino caer en pobres bosquejos. Al respecto, en una de sus cartas dirigida a su hijo Christopher, Tolkien habla del tema muy en su estilo. “Existen hechos insignificantes (aquellos particularmente apreciados por analistas y escritores de escritores): como son si el escritor era alcohólico, o si golpeaba a su esposa, o si sufría de este u otro desorden. En lo particular no me considero culpable de ninguno de esos pecados. Pero si lo fuera, no supondría que una obra artística puede proceder de mi debilidad, sino más bien pienso que procedería de lugares aún no corrompidos en mí ser”[i].

Joseph Pearce señala en su libro Tolkien: Hombre y Mito que Tolkien dividía los hechos de su vida en tres distintas categorías: hechos insignificantes, hechos más significativos y hechos realmente significativos. Dentro de los hechos más significativos Tolkien ubicaba su vocación académica como Filólogo en la Universidad de Oxford. Esto cultivó su pasión por las lenguas que obviamente se reflejó en su obra, de manera especial en la melódica y mágica lengua de los elfos. “Y existen algunos hechos básicos, -continua Tolkien- los cuales aunque expresados secamente, son realmente significativos. Por ejemplo nací en 1892 y viví mis primeros años en la Comarca en una era pre-mecánica. Más importante aún soy Cristiano (que puede ser deducido de mis historias), y de hecho uno Católico-Romano”[ii].

John Ronald Reuel Tolkien o Ronald, como lo llamaba su familia, nació en Bloemfontein, Sudáfrica el 3 de enero de 1892 y fue bautizado en la Catedral Anglicana del lugar un mes después. A los tres años regresó a Inglaterra, a Birmingham (importante recalcar ciudad industrial en todo apogeo), junto con su madre Mabel y su hermano menor Hilary. Su padre Arthur tuvo que permanecer en Sudáfrica por razones de trabajo. En los años siguientes contrajo fiebre reumática lo cual lo dejó muy débil para poder emprender un viaje tan largo. En 1896, sufrió una severa recaída y antes que su familia partiera a su encuentro murió de una hemorragia.

Los Tolkien no contaban con mucho dinero, así que Mabel se ve en la necesidad de buscar un alojamiento modesto. Lo encuentra ese mismo año en Sarehole un pueblito rural ubicado en las afueras de Birmingham. Es en este sencillo lugar donde el pequeño Tolkien comienza a desarrollar un profundo amor por la naturaleza, de manera especial por los árboles. Sarehole fue la musa que inspiraría la creación de La Comarca y su amor por los árboles daría lugar años después a la creación de la raza de los Ents, los Pastores de los bosques, donde Treebeard o Bárbol es su principal representante.

La falta de dinero, hizo también que Mabel se hiciera responsable de la educación de sus dos hijos. Rápidamente cayó en cuenta de la gran habilidad de su hijo mayor para las lenguas y su predilección por los cuentos de hadas y más tarde novelas de género fantástico.

Desde la muerte de su esposo, la Fe jugó un papel muy importante en la vida de Mabel y en junio de 1900 ella y su hermana May fueron recibidas en la Iglesia Católica. A continuación, ambas tuvieron que enfrentar la incomprensión de su familia que logró convencer a May que se retractara de su decisión. Mabel, por su parte se mantuvo fiel a su nueva fe y a pesar del rechazo afectivo y económico de su familia y la de su difunto esposo, que afectaron profundamente su salud, comenzó a instruir a sus hijos en la fe católica. Tolkien fue recibido en la Iglesia Católica a los 8 años y a partir de ese momento y hasta el final de sus días abrazó y practicó esta fe. Pearce señala que si bien “Tolkien sabía que ésta no fue la fe de su padre, sí fue la de los padres de sus padres y esta toma de conciencia lo llevó a desarrollar un profundo amor por el período Medieval (cuando Inglaterra aún era católica) y el desprecio por el “progreso” humanista, al cual le siguió la Reforma”[iii].

Cuatro años pasaron y llegó el momento de ir al colegio por lo que los Tolkien se ven en la necesidad de abandonar la comarca y volver a Birmingham, al corazón mismo de la ciudad industrial. El contraste del aire fresco y el verde de los campos con el humo negro de las chimeneas de las fábricas, la bulla de los trenes y el mar de gente atropellándose unos a otros dejaron una huella profunda en la memoria de Tolkien, la cual podemos entender mejor al leer la descripción que hace en su libro de Isengard, dominio del mago Saruman, o mejor aún del propio Mordor.

Sin embargo, no todo fue negro en la ciudad. Su nuevo hogar quedaba muy cerca del Oratorio de Birmingham, una gran iglesia construida 50 años atrás y en la que vivió John Henry Newman. Allí conocieron al Padre Francis Xavier Morgan, quien luego de la muerte de Mabel, tres años después, se haría cargo de la crianza y educación de Ronald y Hilary.

Tras la muerte de Mabel, el Padre Morgan consigue los huérfanos se queden en una pensión ubicada a espaldas del Oratorio. Es allí donde Tolkein conocerá a su futura esposa Edith Bratt. Edith también era huérfana y tres años mayor que Tolkien.

Al enterarse el Padre Morgan que el joven Tolkien estaba descuidando sus estudios por andar más interesado en su romance con Edith, decide mudarlos (a él y a Hilary) de pensión y le prohíbe rotundamente ver o hablar con la joven hasta que cumpla los 21 años, edad en donde el sacerdote no sería ya más responsable de él. Tolkien, quien amaba y respetaba profundamente al sacerdote, decide obedecer a pesar del dolor que esto le causaba. Años después en sus cartas cuenta que solía rezar para poder encontrarse o siquiera ver pasar a Edith por la calle.

Humphrey Carpenter y otros estudiosos de Tolkien comentan que la decisión de poner fin o más bien interrumpir por tres años su romance con Edith fue debido a la visión que el joven tenía sobre el romance en gran parte alimentada por la literatura fantástica de George Macdonald, Andrew Laing y más tarde por los romances de la literatura antigua y medieval. En estas historias el héroe y la heroína pasaban en el mejor de los casos mil penurias si es que no morían antes de poder disfrutar su amor. La virtud del sacrificio por amor era un elemento constante y que Tolkien adoptaría en su propio romance y que también utilizaría en El Silmarillion, libro que narra la creación de la Tierra Media, en el inmortal romance de Beren y Lúthien Tinuviel y después en El Señor de los Anillos al narrar el romance de Aragorn y Arwen Undomiel. En la mitología tolkiniana Lúthien y Arwen pertenecían a la misma línea real de elfos y eran consideradas como las elfas más hermosas que jamás existieron.

Tinuviel y Undomiel son dos palabras que pertenecen a la lengua élfica que Tolkien creó. Undomiel significa estrella de la mañana y Tinuviel significa estrella de la tarde. Ambos nombres son dados respectivamente a Lúthien y Arwen en alusión a su belleza. La primera pertenece a la mañana porque vivió en los inicios de los tiempos cuando los elfos llegaron a poblar la Tierra Media. La segunda pertenece a la tarde porque vivió en el ocaso de los tiempos cuando los elfos dejaron la Tierra Media para partir a las Tierras Imperecederas.[iv]

De hecho al visitar la tumba de Edith Tolkien uno ve que sólo hay una palabra aparte de su nombre y la fecha de nacimiento y deceso: LÚTHIEN. Esta palabra expresa todo lo que ella significó para Tolkien. En una carta dirigida a su hijo Christopher poco después de la muerte de Edith escribe “…espero que ninguno de mis hijos piense que el uso de este nombre responde a un arranque sentimental. (…) Nunca llamé a Edith Lúthien – pero ella fue la fuente de la historia que con el tiempo se convirtió en la más importante de El Silmarillion.”[v] Dos años después la tumba de Tolkien acompañaría la de Edith y esta también sólo llevaría una palabra: BEREN.

Los tres años pasaron y Tolkien se encontraba estudiando en Exester College en Oxford. Apenas cumple los 21 años decide buscar a Edith y la encuentra comprometida con otro y con una estrecha relación con la Iglesia Anglicana. Dos cosas sucedieron a continuación: Tolkien le pidió que rompiera su compromiso y que se convirtiera al catolicismo para que pudieran casarse. Lo primero, al parecer, no le demandó mayor problema, pero lo segundo fue más difícil, sin embargo, accedió finalmente aunque no sin recelo. Años después este recelo hacia la fe católica iría creciendo cada vez más hasta que decidió dejar de practicarla. Esto fue un dolor muy grande para Tolkien, quien asumió por completo la formación de fe de sus hijos.

Durante la época de su noviazgo, Tolkien empezó a ser reconocido, debido a sus altas calificaciones, como uno de los alumnos más sobresalientes y prometedores de la Escuela de Inglés. Sin embargo, fue poco el tiempo que pudo disfrutarlo porque en 1914, a un año de obtener su título, estalló la Primera Guerra Mundial. Tolkien recuerda en una de sus cartas “En esos días los jóvenes se enlistaban o eran públicamente ridiculizados. Era una situación difícil, especialmente para un joven con demasiada imaginación y escasa fuerza física. Sin título: sin dinero: comprometido. Soporté las injurias y las indirectas de mis parientes. Me quedé y obtuve el primer puesto en mis exámenes finales en 1915. Enlistado repentinamente en la Armada: Julio 1915. La situación fue para mí intolerable y me casé el 22 de marzo de 1916. De pronto me encontré cruzando el Canal (aún conservo el poema que escribí para la ocasión) hacia la carnicería del Somme”[vi].

La experiencia de vivir durante largos meses en las trincheras lo marca profundamente, pero es en esta desolación que dará vida a un importante personaje de El Señor de los Anillos: Samwise Gamyi. En una de sus cartas, Tolkien explica que Sam era el reflejo de aquellos soldados rasos que estuvieron junto a él durante la guerra y a los cuales admiraba profundamente por su sencillez y valentía.

Tolkien fue rescatado de las trincheras y mandado a casa al contraer pirexia o fiebre de las trincheras. De vuelta en el hogar, los recién casados son bendecidos en 1917 con la llegada de John, el primero de sus hijos y quien años después les daría una gran alegría al anunciarles su decisión de ser sacerdote. La familia inicia su nueva vida en Leeds, donde Tolkien es contratado como profesor de Lengua Inglesa en la Universidad del lugar. En octubre de 1920 nace Michael, seguido de Christopher en 1924. En 1925 Tolkien acepta el puesto de profesor de Lengua Anglo-Sajona en la Universidad de Oxford y la familia se muda para allá. Cuatro años después de su llegada nace Priscilla, la única niña y la última de los hijos de Edith y Ronald.

Tolkien solía divertir a sus hijos de niños escribiéndoles pequeños cuentos que luego él mismo les narraba. El primero que escribió fue para John y lo hizo a manera de pequeñas y sencillas cartas dirigidas al pequeño y firmadas por Father Christmas. En ellas Father Christmas le contaba todas las aventuras que pasaba cada Navidad para entregar a tiempo los regalos. Con el tiempo y debido a la llegada de nuevos Tolkien, se vio en la necesidad de crear nuevos personajes y agregar también dibujos a sus cartas para hacerlas más realistas a los ojos de sus niños. En 1976, tres años después de su muerte, estas cartas fueron recolectadas por su familia y publicadas bajo el nombre de Father Christmas Letters.

Lo mismo sucedió con otros cuentos, algunos de ellos inconclusos otros publicados póstumamente. Entre ellos están: The Orgog, Roverandom, Mr. Bliss, Tales and Songs of Bimble Bay y Farmer Giles of Ham.

Sin embargo, el más importante de todos éstos fue El Hobbit, pues como bien se explica en la introducción del cuento, Tolkien combinó en él su conocimiento de poesía, con la introducción de personajes y lugares creados en su mitología, así como su conocimiento de lenguas y literatura medieval[vii]. Todo esto en un estilo fresco, dinámico, divertido y sobre todo accesible a los niños. “En un agujero bajo la tierra vivía un hobbit…”, una curiosa frase que se le ocurrió de pronto mientras corregía algunos trabajos de sus alumnos y que luego se convertiría en la frase introductoria de su cuento.

Pero… ¿quiénes son los hobbits? Quien mejor para responder esta pregunta que Mr. Bilbo Baggins, un hobbit y el héroe del cuento más importante que escribió y publicó en vida Tolkien. “Los hobbits –explica Mr. Baggins- han vivido y labrado la tierra de la Comarca por muchos cientos de años. Nos sentimos muy contentos de ignorar y ser ignorados por el mundo de la gente grande. La Tierra Media, al ser un lugar lleno de incontables criaturas extrañas, nunca le ha prestado mayor importancia a los hobbits, al no ser considerados ni grandes guerreros, ni muy sabios.

De hecho, alguien observó alguna vez que la única gran pasión que los hobbits tenemos es por la comida. Otra observación, la cual califico de injusta, es que hemos desarrollado un profundo interés hacia la elaboración de cerveza y el fumar tabaco. Pero donde nuestro corazón verdaderamente descansa es en la paz y el cultivo de una tierra generosa, pues todos los hobbits compartimos un profundo amor por todo lo que crece. Y, si bien para muchos nuestras maneras son curiosas y pintorescas (…) no hallo falta alguna en celebrar una vida sencilla”[viii].

Como bien explica Bilbo Baggins los hobbits son criaturas del campo. Aman y se reverencian de la sencillez y la hermosura de la naturaleza. Al inicio de este escrito, mencioné que para mi J.R.R. Tolkien era un hobbit y lo sostengo pues creo que los hobbits nacieron del corazón de un hombre que de niño aprendió a amar y reconocer en las flores, el viento, la lluvia, los árboles, y los campos interminables un lenguaje distinto. Un lenguaje que narra una historia eterna pues es compuesta por Alguien Eterno, que nos invita a reconocer en su obra lo extraordinario que existe en cada cosa ordinaria.

[i] Humphrey Carpenter (ed.), The Letters of J.R.R. Tolkien, London : George Allen & Unwin, 1981, p.288.
[ii] Ibid
[iii] Joseph Pearce, Tolkien: Man and Myth, San Francisco : Ignatius Press, 1998, p.17
[iv] J.R.R. Tolkien, El Silmarillion, Barcelona: Ediciones Minotauro, 1993, p. 190
[iv] J.R.R. Tolkien, El Señor de los Anillos: Apéndices, Barcelona: Ediciones Minotauro, 1998, p. 48
[v] Humphrey Carpenter (ed.), The Letters of J.R.R. Tolkien, London : George Allen & Unwin, 1981, p.420.
[vi] Ibid, p. 53
[vii] J.R.R. Tolkien, The Annotated Hobbit, London : HarperCollinsPublishers, 2002, p. 5
[viii] New Line Cinema, The Lord of the Rings. The Fellowship of the Ring, Special Extended DVD Edition, 2002.

También puedes revisar:

 

Déjanos un comentario





Revisa cuidadosamente tu nombre y tu e-mail antes de enviar. En caso de error, tu comentario será borrado.