Literatura Fantástica: Más allá de las formas

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Por Beatriz Palacio  

Los fenómenos “Harry Potter” y “el Señor de los Anillos” han dirigido en los últimos tiempos la atención de la discusión literaria a los textos de carácter fantástico. Este giro no se debe, sin embargo, a una efusión especial de la literatura de este género sino más bien, al gran fenómeno medíatico que ha acompañado la aparición de dichos libros.

El gran literato J.R.R. Tolkien en su ensayo “Sobre el cuento de hadas”, desarrolla elementos fundamentales acerca de la potencialidad de este género, viendo a “la fantasía literaria como asombrada percepción del fulgor primario de las cosas”.Y es que la literatura fantástica puede, a través de los símbolos y los símiles, ayudar al hombre a una mayor comprensión de su realidad. Posee además la capacidad de ser un espacio para el desarrollo de una sana creatividad y de un lícito entretenimiento. Sin embargo, no se queda solamente en las abundantes bondades de este estilo, sino que recalca también los problemas que pueden traer el uso exagerado e inocuo de los relatos de este tipo: “Fantasía es una tierra peligrosa, con trampas para los incautos y mazmorras para los temerarios.”

La crítica literaria actual parece olvidarse de esta advertencia y quedarse maravillada ante los deslumbrantes recursos de este género. Ante fenómenos como los que se han derivado de los libros de J.K. Rowling apreciamos el valor de su gran capacidad de creación, pero no hay que olvidar que la belleza de una etiqueta no asegura la calidad del producto.

Es común escuchar alabanzas sobre la gran capacidad de Rowling para la creación de un mundo paralelo, o sobre la atracción que ha ejercido en la captación de públicos infantiles y jóvenes que antes privilegiaban lo audiovisual en desmedro de la literatura escrita. Sin embargo, se hace apremiante ir más allá de las etiquetas: “es divertido”, “está bien escrito”, al análisis de los contenidos.

Es el caso de Harry Potter, donde tras el excelente manejo de las formas narrativas de la literatura fantástica, se presentan elementos cuestionables en su concepción. Hogwarts es un lugar sin parámetros, en el que todo hombre a través de la magia, tiene una capacidad ilimitada del dominio de la naturaleza. Esta aproximación reduce el plano de lo sobrenatural a un nivel puramente inmanente: el de lo mitológico y mágico. El mundo de Potter es un mundo sin reglas, en el que se banalizan los parámetros de la realidad, de la verdad.

Hay entonces que dar el crédito que merecen las amplias posibilidades de las formas literarias y de sus formatos pero sin dejarse deslumbrar ciegamente por ellas. Qué diremos entonces sobre Artemis Fowl, creado por Eoin Colfer. No hay etiqueta que esconda que se trata de un anti héroe que a pesar de tener 12 años es un terrorista de la era digital que extorsiona, secuestra y colecciona armas en su avara búsqueda de oro. Éste y otros ejemplos, a pesar de vestirse de hermosas formas literarias, tienen cuestionables elementos de contenido que incluso llegan a recortar las posibilidades reales y magníficas que posee este género narrativo.

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