Los Frescos de San Marco (Parte II)

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Por Daniel Hill

En un artículo anterior examiné el crucifijo del claustro y la sala capitular del convento de San Marcos en Florencia, siguiendo el estudio iconográfico de William Hood.  Ésta es una continuación de dicho estudio, por lo cual les sugiero leer el artículo anterior antes de continuar.  He tratado de ubicar cuantas imágenes online me ha sido posible, sin embargo, no todas las imágenes a las que me refiero se encuentran disponibles.  Recomiendo para poder tener una visión más completa, adquirir uno de los tantos excelentes trabajos que se han realizado sobre los frescos de Fray Angélico en San Marcos. 

Instrucción Directa: Las Medialunas del Claustro

Fray Angélico pintó cinco medialunas sobre los umbrales de ciertas puertas en el claustro de San Marcos.  A pesar de que son una parte menor del priorato, son un ejemplo evidente de cómo funcionan los frescos en San Marcos.1 Cada imagen ha sido colocada con la intención de inspirar una actitud o una disposición particular hacia el salón que se encuentra más allá. Estas medialunas tenían la función de recordar a los frailes las constituciones bajo las cuales vivían.  Los marcos de los dos más importantes son los de Santo Domingo sobre la sala capitular y San Pedro Mártir sobre la sacristía.  Fueron diseñados para “señalar” las paredes, tal como se hizo con el crucifijo en el claustro y con el fresco en la sala capitular.Tiene una particular relevancia la medialuna de Santo Domingo, ya que fue pintada con tempera sobre un paño y colgado sobre el muro, lo que muestra que la necesidad de hacerlo fue “profunda” e incluso esto se expresa mejor en el hecho de que fue pintada también en madera pero no fue integrada a la tela del muro para que pareciera un fresco.2  A pesar de que la imagen se encuentra en mal estado, se puede fácilmente reconocer a Santo Domingo sosteniendo un látigo y las constituciones de la orden.  Esta es una iconografía muy directa.  Invitaba a los frailes a recordar la necesidad de la penitencia y la obediencia a la regla.  El salón capitular era, entre otras cosas, donde el prior disciplinaba a sus frailes y donde el “capítulo de las faltas” se llevaba a cabo.  Los frailes confesaban sus faltas a la regla frente a sus hermanos y superiores y recibían por ello actos de penitencia que incluían desde actos cotidianos, ayunos, oraciones o incluso la “disciplina” del látigo.  La medialuna se relaciona fuertemente con el elaborado fresco que se encuentra dentro, del cual expliqué anteriormente, se focaliza en la pasión; una imagen importante que tiene una directa correlación con la penitencia, la obediencia y el pecado.

San Pedro Mártir Imponiendo el Silencio (fig1) en la medialuna sobre la entrada de la sacristía es un ejemplo muy bien preservado del uso de la perspectiva que Fray Angélico daba a los santos en el mundo de los frailes.  Su halo sobrepasa el marco formando un nivel extra, mientras el marco en sí mismo contiene la ilusión de una “mordedura” que crea incluso una mayor profundidad.  El silencio en la iglesia estaba estipulado en las primeras constituciones y era visto como un acto de humildad a favor de los hermanos. (Morachiello, ob.cit., p186)  Era una medida que se tomaba para asegurar que el fraile pudiera estar totalmente inmerso en su intención de meditación y oración.3 San Pedro Mártir invita en sí mismo al silencio, recordando a los frailes que son parte de una familia mayor, de los santos que ya han muerto y que participaron en vida e incluso después de la muerte de su misma orden.

En la entrada al salón de los invitados se encuentra sobrepuesta una imagen de dos frailes dominicos dando la bienvenida a Cristo peregrino (fig 2),  un llamado a quienes se encargaban de recibir a los visitantes para que tuvieran siempre en mente la hospitalidad a la que invita la constitución.  El mensaje de esta imagen es claro y hermoso, y los frailes podían recordar inmediatamente tanto el énfasis de sus constituciones sobre la hospitalidad así como las palabras de San Pablo a los Hebreos: “No os olvidéis de la hospitalidad; gracias a ella hospedaron algunos, sin saberlo, a ángeles.” (Hebreos 13, 2)

La ubicación de la medialuna de Santo Tomás de Aquino (fig 3) sobre el corredor entre la sala de invitados y la plaza, parece de alguna manera estar fuera de lugar hasta que uno se da cuenta que éste fue probablemente el sitio donde se encontraba la biblioteca original antes de que Cosimo adquiriera la colección de Niccolo Niccoli y construyera una nueva y bellísima biblioteca.4  Santo Tomás era el símbolo por excelencia de los ideales del estudio espiritual.   Los frailes valoraban la suprema inteligencia y exaltaban la espiritualidad del santo.  Esta imagen fortalecía a los frailes, quienes tenían una intensa vida intelectual, invitándolos a emular al Doctor Angélico, como era llamado Santo Tomás, y pedirle su intercesión.

La imagen del Homo Pietatis (El hombre de los dolores) sobre el refectorio es simple y hermosa.  El Homo Pietatis era una imagen ampliamente conocida en su tiempo que se refería a la Eucaristía y a la misa en particular, y en este caso era un recordatorio para los frailes de que las comidas comunitarias eran similares a aquella de la Eucaristía en la última cena.  (Ibid)

La función de estas medialunas pareciera obvia, pero no promueven el seguimiento rígido de una regla de la vida, sino una total disposición del alma.  Al fraile, al recibir a los peregrinos, no se le recordaba simplemente las buenas maneras para con sus invitados, sino amarlos como a Cristo, así como a quienes ingresaban a la sala capitular, incluido el prior, se les recordaba que Santo Domingo era un maestro espiritual para la orden entre muchas otras cosas.  Como puede verse en estas simples y sutiles imágenes como las demás pinturas del convento fueron hechas para invocar una disposición tanto exterior como interior.

Citas:

1.William Hood, Fra Angelico; San Marco, Florence, New York, 1995, p. 158.
2.Allí mismo.
3.Ibid.
4.Hood, Fra Angelico; The San Marco Frescoes, p. 158

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