SOS, Envejecimiento global
La crisis económica apenas será nada comparada con el inexorable envejecimiento global. Lo advierte un demoledor informe del semanario The EconomistComienza el Informe de The Economist sobre envejecimiento: «Olvídese por un momento de la gran recesión, de los billonarios planes de rescate bancario y de la creciente pérdida de puestos de trabajo. En lugar de eso, contemple la perspectiva de un crecimiento lento y una baja productividad, un aumento de gasto público y de falta de mano de obra. Ésos son los problemas de las poblaciones envejecidas». ¿Poca cosa? «Piense de nuevo», prosigue el semanario británico: según el Fondo Monetario Internacional, de aquí a 2050, «para los países avanzados, la carga fiscal de la crisis será de alrededor del 10% de los costes relacionados con el envejecimiento. El otro 90% será el gasto extra en pensiones, salud y cuidados asistenciales».
Según las últimas predicciones de la ONU, el promedio de edad en el mundo, que ahora es de 29 años, aumentará hasta los 38 en 2050. En el mundo rico, una persona de cada tres será pensionista, y casi una de cada 10 tendrá más de 80. Tal vez nos hayan inmunizado contra estas evidencias las terribles profecías malthusianas, desde los años 60 del siglo XX, con sus terribles profecías que nunca se cumplieron. Pero esta vez, advierte The Economist, «no hay escape. Salvo gran catástrofe natural o desastre originado por el hombre, los cambios demográficos son mucho más ciertos que otras predicciones a largo plazo, por ejemplo, las relacionadas con el cambio climático».
Los países pobres tampoco se libran. Aunque todavía son jóvenes, las tasas de natalidad descienden a gran velocidad. El número de personas mayores de 60 años se triplicará en ellos de aquí a 2050, y dado que la mayoría de estos países carecen de un Estado del bienestar homologable a los de Occidente, «esos números serán difíciles de manejar».
La jubilación, un lujo imposible
China se verá particularmente afectada, por su política antinatalista de los últimos 30 años. El Informe señala que, aunque todavía es un país joven, con un promedio de edad de alrededor de 30 años, alcanzará los 45 en torno a 2050, y la ratio de personas mayores dependientes de personas en edad de trabajar pasará del 10% al 40%. «El patrón de envejecimiento de China es muy similar al de Japón, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán. La diferencia es que, en China, esto está ocurriendo en un momento en que el país es todavía relativamente pobre».
Uno de los problemas más evidentes que provocará el envejecimiento, en los países ricos, es que podemos ir olvidándonos de disfrutar de jubilaciones como en las últimas décadas. «La generosidad con los pensionistas era asequible en 1980, cuando en el mundo rico sólo había 20 personas en edad de retiro por cada 100. Pero la ratio ha aumentado ya al 25%, y en 2050 será de alrededor del 45%, con sólo 2 trabajadores por cada pensionista».
Volvemos al siglo XIX. «Cuando Otto von Bismark introdujo la primera pensión para trabajadores de más de 70 años en 1889, la expectativa de vida de un prusiano era de 45… Nos guste o no, estamos volviendo al mundo prebismarkiano, sin una edad formal de jubilación».
La inmigración no basta para solucionar el problema. Harían falta demasiados inmigrantes, y además, el envejecimiento, aunque con retraso, se propaga también en los países en vías de desarrollo. Muchos países ricos han comenzado a romper viejos prejuicios, y promueven ahora políticas natalistas. Sin embargo, hay pautas culturales difíciles de erradicar. La crisis de la natalidad, por ejemplo, está íntimamente vinculada al descenso y retardo de los matrimonios, y éste, a las exigencias profesionales. Hay menos bebés, en buena medida, porque las mujeres se casan hoy más tarde. «Las encuestas -dice The Economist- muestran que las mujeres, generalmente, quieren familias mayores de las que terminan teniendo». Pero eso también está cambiando: «La gente se está acostumbrando a familias más pequeñas, y el número de hijos que dicen querer, se hunde también».
La mentalidad materialista es decisiva. Tener hijos supone, de promedio, una merma de ingresos de aproximadamente un 30%, y muchas parejas no están dispuestas a asumirlo. Es una prueba más contra Adam Smith: el egoísmo personal no conduce al bienestar general, sino a la catástrofe colectiva.
*Artículo escrito por Ricardo Benjumea, para la Revista Alfa y Omega # 651