La Autenticidad en Kierkegaard
Por Ana Lucía Montoya

La inautenticidad y la autenticidad.
La verdad de la que nos vamos a ocupar en esta exposición no es simplemente una verdad intelectual sino que se trata de existir en la verdad, de un modo de existencia al cual mi ser se adecua.
Kierkegaard en su reflexión filosófica parte del hombre concreto, histórico y por ello de la existencia. Todas las preguntas entonces que se plantea el pensador implican un confrontamiento con la propia vida.
El interés que prevalece en la búsqueda de la verdad no es tanto el conocerla de manera que se pueda señalarla, como quien sabe mostrar un pueblo perdido sobre un mapa, sino vivir en ella. Hay varios textos de Kierkegaard que ilustran este aspecto. Él vincula la forma de existencia a la doctrina y en esta relación la ética cumple un papel fundamental ya que ésta no es sólo un saber sino un hacer que se relaciona con un saber.
La acción tiene en un cierto sentido un valor performativo en relación a una doctrina, la confirma o la hace absolutamente vana y obsoleta en cuanto no responde al ser del hombre. Dice:
Existen especuladores […] no hacen sino escribir, y escribir cosas que cuando, si puedo decirlo así, se deban leer por medio de una acción, se muestran un contrasentido, a no ser que estén destinadas a seres fantásticos.1
Las preguntas fundamentales
¿Qué es la verdad?
Kierkegaard da distintas fórmulas para responder esta pregunta, pero fundamentalmente se pregunta por la verdad como horizonte antropológico de autenticidad. Nos dice refiriéndose al secreto socrático: «la verdad es la transformación del sujeto en sí mismo»2 sin embargo este transformarse en sí mismo no puede comprenderse sólo desde Sócrates sino que adquiere connotaciones mucho más ricas en el cristianismo ya que para Kierkegaard este ‘comprenderse a sí mismo en la existencia’ es también el principio cristiano y a este intento se reconduce la pregunta por la verdad.
Sin embargo antes de entrar en esta acepción de verdad, veamos de cuales otras verdades habla Kierkegaard.
Tenemos de una parte la verdad de la lógica, las matemáticas, etc., que si bien son importantes no le interesan en cuanto su preocupación está en la verdad existencial. La diferencia entre verdad abstracta y existencial es reafirmada por Kierkegaard en un contexto religioso3.
Por otra parte tenemos la verdad eterna esencial que se diferencia también de la verdad existencial. Profundicemos en estas dos últimas.
La verdad eterna esencial (en sí)
La verdad eterna esencial describe las cosas desde el punto de vista de Dios, que al hombre en cuanto está y mientras está en devenir no le corresponde, dice Kierkegaard:
Apenas el ser de la verdad llega a ser empíricamente concreto, la verdad misma está en devenir, ésta es todavía, como se presume, la conformidad entre el pensamiento y el ser, y es ciertamente así efectivamente para Dios; pero no es así para un espíritu existente porque este espíritu existente está en devenir.4
Por otro lado esta misma verdad vista desde el punto de vista del hombre aparece como una paradoja, sin embargo no es una paradoja en sí misma sino que lo es en su relación con el hombre5. Además se niega que el hombre pueda abarcar un sistema de la existencia lo cual es una prerrogativa de Dios quien abarca todo con su conocimiento.
Hay una diferencia fundamental entre el conocimiento de Dios que es eterno y el conocimiento del hombre que como existente no puede tener un conocimiento sub specie aeterni. La acusación que hace al hegelianismo es la de querer en un sentido abarcar la realidad como si fuera un Dios6, se descubre en la pretensión de hacer un sistema, un endiosamiento de la razón sometiendo a ésta la misma religión. La mente humana no es divina y sus conceptos no son creativos7 (en el sentido de creación ex nihilo).
Refiriéndose a estos dos intelectos frente al conocimiento, ya no de las cosas creadas sino de uno mismo, tiene Dios la norma última de verdad. Dice Kierkegaard: «frente a Dios yo hablo siempre con incertidumbre sobre mí mismo, porque Él es el único que sabe con certeza cual es mi situación respecto a Él»8.
La verdad existencial (para nosotros)
La definición de Kierkegaard de verdad como subjetividad se ha hecho notar, sin embargo es importante explicar bien su sentido considerando los malentendidos a que puede llevar dado el subjetivismo reinante en nuestro tiempo. Como señala Cornelio Fabro la subjetividad de que se habla es metafísica y no gnoseológica, lo que interesa es la apropiación de la verdad a través del acto libre y no tanto la asimilación cognoscitiva que se confronta con la objetividad9. En esta misma línea dice Guardini que la verdad no significa que yo conciba rectamente en un determinado sentido algo existente sino que yo en el encuentro que tengo con una cosa, me empeño en modo efectivo, me realizo y llego a ser yo mismo. La verdad no se la conoce sino que se la es10. La verdad se convierte en medio de existencia.
“Por lo tanto la verdad subjetiva es la verdad que me lleva a tomar postura, que no me puede dejar indiferente, que me lleva a comprometerme. La verdad conocida reclama emplear toda mi fuerza para hacerla real en mí, orientado mi vida en esa dirección.”11
Dado que nuestro tema es la verdad del hombre o del hombre que vive en la verdad, que es sí mismo, o en otras palabra, el hombre auténtico, pasemos a la siguiente pregunta por quién es el hombre según Kiekegaard confrontándola con quién no es pero puede ser, o sea, el hombre inauténtico.
¿Quién es el hombre?
Cuando nos aproximamos a la realidad del hombre hay varios elementos que lo configuran y que no pueden pasar desapercibidos.
De una parte tenemos que el hombre es creado por Dios, por lo que no es autosuficiente, ni se autodetermina ontológicamente sino que depende fundamentalmente de Dios en su ser12, «Y cada hombre es creado a imagen de Dios: ésta es la verdad absoluta»13. Kierkegaard asume la creaturalidad en la definición de la esencia de la persona humana. El hombre es creado por Dios y está llamado a relacionarse continuamente con Él para poder alcanzar la verdad sobre sí mismo, que siempre se presenta como un horizonte arduo y en continua gestación.
Parte de una visión tripartita y dinámica en la que el hombre está compuesto por cuerpo-alma-espíritu, en la que el espíritu aparece como tercer positivo después del cuerpo y el alma. El hombre es una síntesis en continua relación, es una relación que se pone en relación consigo misma y a su vez se pone en relación con Dios que ha puesto la relación entera. Su ser no es estático, ni cerrado, sino como repite continuamente Kierkegaard en La enfermedad mortal, es una relación14. Habla del hombre como síntesis de finito e infinito, temporalidad y eternidad, de posibilidad y necesidad. Algunos comentaristas hablando de esta síntesis señalan que se trata de un ‘yo lacerado’ en el que nunca se da reposo sino que mantiene una tensión continua sostenida por el acto de la voluntad que mantiene juntos sin reconciliar nunca elementos contrarios15.
Vale la pena señalar la importancia de reconocer que el hombre tiene siempre una consistencia ontológica y que no es relación pura, ya que la dialéctica de Kierkegaard podría generar confusión. No obstante lo que me interesa acentuar de su pensamiento es la vinculación con Dios como necesaria para entender rectamente al hombre.
El hombre está dotado de voluntad, es libre16, lo que lo caracteriza como hombre es su relación con Dios. La persona es verdaderamente un yo cuando haciendo uso de su voluntad quiere ser sí misma, se acepta, sin desesperar ni rechazar su ser puesta por otro. Sin embargo, está siempre presente la posibilidad de la desesperación en cuanto en el hombre hay presente una tendencia a querer ser otro. Además, «la síntesis implica la posibilidad de la relación falsa»17. Vemos entonces como la existencia del yo no está solamente vinculada al hecho de que se realice una toma de posición sobre el ser mismo, sino que este acto de la voluntad, que debe ser sostenido mediante actos continuos que reafirmen la elección, debe ser realizado rectamente. Por otro lado, cada momento en que el hombre está desesperado es porque tira sobre sí la desesperación, ya que:
Nada es más imposible que rechazar una vez para siempre el eterno: en cualquier momento el hombre no lo tenga, lo debe haber rechazado o rechazarlo – pero el eterno regresa, lo que quiere decir: en cualquier momento el hombre este desesperado, tira sobre sí mismo la desesperación.18
A este respecto señala Guardini un peligro en la visión Kirkegaardiana del hombre en cuanto «La personalidad espiritual es, por decir así, sobre el filo de un acto, y precisamente, como veremos, de un acto en sumo grado exigente»19.
Dos elementos que como hemos visto aparecen determinantes en el ser un yo son la conciencia y la voluntad. Uno vinculado al otro. Dice:
La conciencia sobre sí mismo, es el criterio decisivo para el yo. A más conciencia, más yo; más conciencia, más voluntad; más voluntad, más yo. Un hombre que no tiene ninguna voluntad no es un yo; más grande es su voluntad, más grande es su conciencia de sí mismo.20
Lo que norma la relación del hombre con sí mismo es su estar ante Dios, dice Kierkegaard: «Es en el fondo la relación con Dios lo que hace que un hombre sea un hombre»21, el yo del hombre es fundamentalmente religioso y el hombre no puede escapar a esa dimensión a riesgo de dejar de ser un yo, de desesperar. Dios garantiza la verdad del hombre en la medida en que éste se funda en Él. «el “ante Dios” es entonces el parámetro para el “a sí mismo”»22. El hombre tiene siempre un telos23, un fin, hacia el cual se dirige y con el cual se relaciona, en el caso de un telos absoluto se reclama una relación absoluta que involucre toda la persona. Dice: «Pero es una contradicción el querer en modo absoluto algo finito, porque el finito tiene que tener un fin y llegará el día en que no se puede quererlo más»24.
Sin embargo descubrimos cómo el relacionarse falso, la tendencia a no querer ser sí mismo, el no ser consciente de ser espíritu y estar ante Dios, son realidades presentes en el hombre, por lo que pueden darse dos posibilidades: que el hombre viva en la verdad y sea un yo auténtico, o viva en la no verdad y sea inauténtico.
La inautenticidad y la autenticidad
El hombre en la no verdad
Si bien reconoce Kierkegaard «que cada hombre está esencialmente en posesión de lo que pertenece por esencia al hombre»25. Por otro lado ser un yo aparece como una tarea difícil de realizar, el hombre puede relacionarse de manera falsa en cuyo caso cae en la desesperación.
El hombre que se relaciona en manera falsa es el hombre inauténtico, el hombre desesperado, el hombre que rechaza su ser, su dependencia ontológica, se trata del hombre que quiere ser otro, no se acepta a sí mismo o el hombre que quiere ser desesperadamente sí mismo pero separado de la potencia que lo ha puesto.
El hombre tiene un sí mismo del que no se puede liberar, que debe aceptar, en la medida que no conoce verdaderamente este sí mismo o que no lo quiere es inauténtico.
En la enfermedad mortal enunciada la triple manera en que se puede dar la desesperación que serían tres formas de inautenticidad: no ser consciente de tener un yo, desesperadamente no querer ser sí mismo o desesperadamente querer ser sí mismo. Habla del hombre que se auto-engaña, que cree ser feliz no siéndolo, que cree ser otro distinto a aquél que es. Usa expresiones fuertes para referirse a este hombre en la no verdad dice por ejemplo refiriéndose al que no es consciente de tener un yo:
Viendo tanta gente a su alrededor, cargándose de tantos asuntos humanos, tratando de captar cómo anda el tren del mundo, ese desesperado se olvida de sí mismo, olvida su nombre divino, no se atreve a creer en sí mismo y halla demasiado atrevido el serlo y más simple y seguro asemejarse a los demás, ser una caricatura, un número, confundido en el ganado.26
Finalmente el hombre en la no verdad es el hombre en el pecado.
En los estadios de la vida también se nos ejemplifican tipos de vida inauténtica y desesperanzada. Esto aparece claro en el estadio estético y por esta razón me voy a detener más en él. En el caso del estadio ético tenemos un tipo de desesperación más sutil ya que se trata de la desesperación de quien pretende regirse de manera autónoma por su razón sin anclarse en Dios. Si bien este estadio es superior al anterior y es necesario para pasar al siguiente, es en sí mismo insuficiente y reclama un salto a lo religioso.
Voy a presentar ahora a grandes rasgos los dos primeros estadios.
El estadio estético:
“El esteta busca el placer y escapa del dolor. Por ello se apega al instante y corre detrás de lo que le promete más placer. Si en su camino se cruza con algo más prometedor, cambia de dirección y va tras ello. El esteta no se construye a sí mismo, se desarrolla por obra de la necesidad y no de la libertad…. No tiene un proyecto a largo plazo. [Evita el compromiso, es egocéntrico, individualista].
Un modelo de hombre estético es Don Juan, el “picaflor” que disfruta conquistando mujeres pero no contrae matrimonio, que rehúye el compromiso y sólo busca el placer. El Fausto de Gœthe es una versión más intelectual y refinada de hombre estético. Él disfruta el placer de las ideas: las estudia, las goza, pero no toma a ninguna por verdadera, ninguna de ellas se transforma para él en una verdad en pos de la cual deba comprometer su existencia. También él busca el placer y escapa del compromiso. Pero el ejemplo más extremo de esteta es El Judío Errante. Según una leyenda medieval, cuando Jesús iba camino del Calvario cayó frente a la casa de un zapatero de Jerusalén que de mala manera le dijo: «¡Anda!». Jesús respondió: «Tú también andarás hasta que yo vuelva.» Este judío aún vive y, como es un hombre estético, no disfruta de su longevidad. Está harto de todo, lo ha probado todo y ya nada llama su atención. Quiere morir, pero no puede. La vida del esteta lleva a la desesperación. Tarde o temprano se cansa de correr tras un placer que, cuando es alcanzado, se desvanece.”27
Quisiera ahora ejemplificar con sus textos algunas de estas características:
* Busca gozar de la vida:
Esa es su fórmula general28 … Disfruta de muchas cosas, pero nada le da plenitud. Por lo mismo, el esteta busca siempre lo que le conviene, lo que le resulte más agradable y fácil.
“Eres espiritual, irónico, observador, dado a la dialéctica, lleno de experiencia en los goces, sabes prever, eres sentimental y, según las circunstancias, falto de corazón; pero en medio de todo esto, no vives más que el instante y por eso tu vida se disuelve y no sabe explicarlo. Si alguien desea aprender el arte de gozar, hace bien en dirigirse a ti; pero si quiere conocer la vida, anda mal encaminado”.29
* Tiene secretos y está lleno de mascaras:
El centro de su vida no está en él mismo. Descentrado, vive para el que dirán, para las apariencias, para lo externo a él.
“Dices que la vida es una mascarada. A ti nadie te ha desenmascarado; si alguna vez te abres lo haces para engañar. Te ocultas, enigmático porque no eres nada; no eres sino en relación con los demás”. 30
* Experimenta el sin sentido
“No tengo ganas de nada. No tengo ganas de montar a caballo, porque es un ejercicio demasiado violento. No tengo ganas de caminar porque es fatigoso. No tengo ganas de acostarme, porque o bien tendría yo que quedarme acostado, de lo cual no tengo ganas; o tendría que levantarme, de lo cual tampoco tengo ganas. En resumen. Summa summarum: no tengo ganas de nada”.
Más adelante, el estético hace la siguiente afirmación:
“La vida es un sin sentido. Se va en carroza al cementerio; se echa tres posadas de tierra sobre el muerto; se regresa a casa en carroza, y se consuela uno con la idea de que todavía le queda a uno larga vida. ¿Por qué no acabar de una vez? Ir al cementerio, entrar a la tumba y echar suerte a ver a quien le toca la desgracia de ser el último viviente que echó las tres últimas paladas sobre el último muerto”. 31
Estadio ético:
“El hombre ético vive la diferencia absoluta entre el bien y el mal. Ordena su vida al cumplimiento del deber, respetando la moral (lo universal) – [muy en concordancia con los parámetros establecidos por la ética de Kant]… Se hace con sus opciones libres, se construye… Tiene proyecto, respeta la palabra empeñada, toma decisiones, [elige una profesión]. Opta…y luego reafirma sus opciones en la repetición. Así el esposo, por ejemplo, no sólo elige su mujer en el momento de contraer matrimonio, sino que día a día repite esa opción, la confirma, viviendo en fidelidad a ella.”32
La pregunta que podría resumir la vida ética es: ¿Cuál es mi deber; mi deber ante la sociedad, ante mi familia, en mi trabajo, para mí mismo?
Del hombre ético leemos:
“Aquel que éticamente se ha escogido y se ha encontrado se poseerá a sí mismo determinado en todo su ser concreto. Se encuentra, por tanto, como un individuo con sus propias características, sus pasiones, sus inclinaciones, sus hábitos, que están bajo la influencia de todo lo externo, que le influye unas veces de una manera y otras de otra… En ese instante se posee a sí mismo como el objetivo a realizarse, de tal modo que se organice a sí mismo, se dé forma, se temple, se encienda como el fuego, se aísle como el fuego, …en resumen para producir una simetría en el alma, una armonía que es el fruto de las virtudes personales. El fin de su actividad será entonces él mismo…” (O esto o lo Otro)
Kierkegaard exalta el valor de lo ético. Enfatiza la importancia de la opción, de ser responsable, de la fidelidad a la palabra empeñada. Realza el valor del trabajo y del matrimonio. Sin embargo como mencioné anteriormente este estadio no basta sino que debe preparar para el siguiente estadio, el religioso.
Partiendo de la Apostilla Filosófica no Científica podemos decir que en el hombre auténtico hay una correspondencia en la existencia sea de su forma de comunicación, sea de su pensamiento. El hombre auténtico no vive en la mediocridad. Por otro lado se acentúa también una relación en la que el hombre se relaciona de manera adecuada consigo mismo y con Dios y transforma toda su existencia de acuerdo al Bien supremo y esto se expresa en la acción.
El hombre que vive en la verdad reconoce que tiene límites, reconoce cuál es su lugar, es humilde.
En La enfermedad mortal la formula con la que expresa el hombre que ha extirpado la desesperación y que por lo tanto vive en la verdad es: «poniéndose en relación consigo mismo, queriendo ser sí mismo, el yo se funda transparente en la potencia que lo ha puesto»33, se trata del hombre que cree.
El hombre que vive en la verdad es aquel que opta por hacer un buen uso de su libertad y cumple en el fondo las características enunciadas cuando hablamos de que es ser hombre. Es consciente de sí mismo y con su voluntad opta por aceptarse y ser sí mismo no solo, no autónomo, porque eso sería imposible de hecho, sino en relación con Dios.
Además este hombre sabe cómo relacionarse, y comprometiéndose con el presente no pone sólo en esta vida su esperanza. Nos dice: “Su relación será absoluta para con el Fin absoluto, y relativa para con los fines relativos…. Tal hombre vive en el mundo como finito, pero no tiene en él su vida, sino que vive en el mundo finito como un extranjero; sólo que no son las vestiduras de extranjero las que establecen su diferencia con el mundo. Y sin embargo no se sigue de aquí que el hombre existente sea indiferente al mundo finito”. (Postscriptum)
Regresando al tema de los estadios de la vida veamos la descripción del estadio religioso que nos habla de un hombre que vive en la verdad.
Estadio religioso:
Este estadio es específicamente cristiano se trata de la respuesta de la fe que no puede reducirse a un proceso racional. A este estadio “se llega mediante una relación muy personal y autentica con Dios, por medio de la fe. El hombre religioso es el tocado directamente por Dios… En la vida religiosa se trata de renunciar a cualquier cosa que nos pida Dios. Esta renuncia es en verdad a todo, no de palabra ni por cálculo. Por paradojal que pueda parecer, el que renuncia recupera todo como nunca nadie ha recuperado. Y se le pide que en la plenitud de la renuncia, en la fe de la recuperación (a los ojos humanos absurda), sea del todo feliz.”34
Quisiera terminar con un escrito de Kierkegaard que muestra cómo solamente la vida con Dios colma de sentido la existencia de lo contrario nos encontraríamos frente al vacio y la desesperación. Nos dice:
” Si no existiera una conciencia eterna en el hombre, si como fundamento de todas las cosas se encontrase sólo una fuerza salvaje y desenfrenada que retorciéndose en oscuras pasiones generase todo, tanto lo grandioso como lo insignificante, si una abismo sin fondo, imposible de colmar, se ocultase detrás de todo, ¿qué otra cosa podría ser la existencia sino deseperación? Y si así fuera, si no existiera un vínculo sagrado que mantuviera la unión de la humanidad, si las generaciones se sucediesen unas a otras del mismo modo que renueva el bosque sus hojas, si una generación continuase a la otra del mismo modo que de árbol a árbol continúa un pájaro el canto de otro, si las generaciones pasaran por este mundo como las naves pasan por el mar, como el huracán atraviesa el desierto: actos inconscientes y estériles; si un eterno olvido siempre voraz hiciese presa en todo y no existiese un poder capaz de arrancarle el botín, ¡cuán vacía y desconsolada no sería la existencia!”. (Temor y Temblor)
CITAS:
La postilla, II, 3.
2 La postilla, I, 236.
3 Cf. J. Collins, The mind of Kiekegaard, 236.
4 La postilla, II, 2.
5 Cf. La postilla, II, 16.
6 «Ma la differenza assoluta fra Dio e l’uomo è precisamente che l’uomo è una natura singola esistente (questo vale per il più intelligente come per il più stupido), il cui compito essenziale non può essere perciò di pensare sub specie aeterni: poiché, anche se egli è certamente eterno, pero fin quando esiste è essenzialmente esistente, e l’essenziale per lui deve perciò essere l’interiorità nell’esistenza; Dio invece è l’infinito ch’è eterno» (La postilla, II, 28).
7 Cf. J. Collins, The mind of Kierkegaard, 257.
8 La postilla, I, 371.
9 Cf. C. Fabro, «Introduzione» en S. Kierkegaard, Briciole di filosofia e Postilla non scientifica, I, 34.
10 R. Guardini, Pensatori Religiosi, 67-68.
11Guerrero Martinez, Luis La verdad subjetiva: Soren Kierkegaard como escritor. p 30
12Dice Dupre que: «The free choice which constitutes the self is ultimately an acceptance of the self’s ontological dependence, rather than a self-creation» (L. Dupre, «The constitution of the self in Kierkegaard’s philosophy», 507).
13La postilla II, 70.
14Se puede encontrar un análisis del yo del hombre según esta obra en el libro: L. Guerrero Martínez, Kierkegaard: los límites de la razón en la existencia humana.
15Ver por ejemplo: M. Iiritano «La lacerazione dell’io tra disperazione e fede», 270-282; también la critica que hace R. Guardini, Pensatori religiosi, 29-72.
16Acerca de la relación entre la libertad humana y la omnipotencia divina se puede ver: L. Sesta «Onnipotenza divina, creazione dal nulla e libertà umana en Sören Kierkegaard», 379-392.
17La malattia mortale, 27.
18La malattia mortale, 28.
19R. Guardini, Pensatori religiosi, 35.
20La malattia mortale, 38.
21La postilla II, 54.
22R. Guardini, Pensatori religiosi, 38.
23«l’esistente ha sempre un τελος » (La postilla II, 121).
24La postilla II, 200-201.
25La postilla, II, 164.
26 La malattia mortale, 42.
27Prof. Lic. Andrés A. Luetich Los “estadios en el camino de la vida”, según Sören Kierkegaard, Academia de Ciencias Luventicus
28KIERKEGAARD, Søren. Equilibrio de estética y de ética en la formación de la personalidad. p. 10.
29KIERKEGAARD, Søren. Equilibrio de estética y de ética en la formación de la personalidad p. 36.
30 KIERKEGAARD, Søren. Equilibrio de estética y de ética en la formación de la personalidad p. 67 – 68.
31KIERKEGAARD, Søren. Diapsálmata # 50.
32Prof. Lic. Andrés A. Luetich Los “estadios en el camino de la vida”, según Sören Kierkegaard, Academia de Ciencias Luventicus
33La malattia mortale, 26.
34Manzano, Jorge, S. Aabye Kierkegaard, La Libertad y el Libre Albedrio: entre el hombre Estético, ético y religioso.