Sátira: Definición de la Generación Actual
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Andrés Becerra
Bachiller en Cinematografía Fotográfica
Emerson College – Boston, Massachussets
Un tono sarcástico viene resonando actualmente en la cultura norteamericana. Está presente no solamente en los periódicos, en internet, en el cine y la televisión, sino también en la manera de hablar cotidiana. Los ciudadanos norteamericanos han hecho sinónimos las discusiones y el ridículo o las sátiras. En un ensayo de Wyatt Mason del 2006 “Mi Yo Satírico: Cómo el Burlarse de Absolutamente Todo Define a una Generación”, explica cómo, actualmente, los norteamericanos tienen una manera diferente de ver el mundo y sus problemas, en comparación a las generaciones pasadas. Al final de su artículo cuestiona si esta actitud sarcástica persistirá como parte de la cultura o si se desvanecerá con el tiempo. Yo definitivamente acuerdo con Mason en el hecho de que el lenguaje sarcástico es parte de nuestra generación humorística, pero ¿hasta qué punto puede ser aceptable? ¿Debemos “permitir” la burla, como Mason mismo dice, de absolutamente todo? ¿Hemos llegado al punto donde nada es sagrado, y todo superficial?
Antes de contestarlo, debemos ahondar en cómo hemos llegado al punto en que todo sea objeto de burla. No iré a la definición del diccionario sobre la palabra sátira, ni desarrollaré una corta historia de la sátira (como hace Mason con los Romanos, con mucha efectividad), sin embargo, creo que hay dos razones por las cuales esta actitud de humor irónico es aceptada por muchos en el mundo actual.
La primera tiene que ver con la tolerancia, de la que se habla tan comúnmente en estos días. Significa que cualquier cultura es aceptada, a cualquiera se le permite pensar como lo desee y este tipo de libertad de pensamiento es fuertemente promovido. La gran cantidad de culturas diversas y, por ende, de contra-culturas que tenemos en el mundo es mayor de lo que incluso hemos tenido en nuestra historia, y por ello, se nos dice que debemos ser tolerantes con todas ellas. Sin embargo, el lema actual de la tolerancia termina llevándonos a un efecto contrario. Los lineamientos de muchos de estas culturas suenan ridículos cuando se escucha por primera vez sobre ellos, pero si nos empeñamos en conocerlos de verdad, nos daremos cuenta que muchas veces no son tan irracionales como parecen. Si las personas simplemente aceptan las diversas maneras de pensar sin cuestionarlas, pueden malentenderlas y tomarlas incluso en manera de mofa.
La segunda y la más importante razón se refiere a la tecnología. Soy de los que creen que la tecnología existe para el mejoramiento de la interacción y de la vida humana. Cuando comenzó la radio, y luego, la televisión, era extraordinario ver cómo podíamos estar informados de cosas que ocurrían en lugares lejanos en los momentos mismos en que se desarrollaban. Estos medios nos permitieron ser testigos de muchos eventos. Durante la Guerra de Vietnam, todos pudimos ser testigos con sólo pulsar un botón. Desde aquel tiempo, nos hemos visto saturados por dichas imágenes de violencia, y a medida que el tiempo pasa, las personas se tocan menos por ellas. Además, la tecnología nos ha ayudado a comunicarnos de una manera más rápida y más fácil. Este segundo término es en el que quiero focalizarme. Hacer más fáciles las comunicaciones ciertamente nos ha ayudado de muchas maneras, pero ha dado como resultado, sin embargo, la trivialización de la interacción humana. Es tan simple crear relaciones, que olvidamos cuan importantes son ellas para nuestro bienestar y algunas de nuestras relaciones se convierten en triviales y superficiales.
Ambos aspectos de la tecnología han llevado al ser humano a convertirlo todo en superfluo. La cantidad de problemas y situaciones difíciles que nuestro pobre mundo ha atravesado en el siglo veinte, por ejemplo, no es tan estremecedor ahora como lo hubiera sido antes de que la tecnología existiera. La actitud sarcástica, de alguna manera, parece una respuesta a estos problemas, una manera de enfrentarlos, o en algunos acasos, una manera de evitarlos.
En un artículo escrito por Pew Research Center for the People and the Press (Centro de Investigación sobre la Gente y la Prensa) reportó:
“Uno de cada cinco miembros de la Próxima Generación (la generación a la que nos remitimos en este artículo) dice no tener ninguna afiliación religiosa, son ateos o agnósticos, cerca del doble de la proporción de la gente joven a finales de los 80s” (George and Trimbur, p. 61)
Más gente joven actualmente clama no estar unida a ninguna religión: son agnósticos. Ser agnóstico significa no importarle si Dios existe o no. Después de la cantidad y la grandeza de los problemas que los hombres sobrellevaron en el siglo pasado, en lo que nos queda ahora, la gente ha llegado a la fase en la cual sólo desean lo divertido, y no se preocupan mucho por las cosas más serias. Como señalaba Mason hay una “necesidad humana de ver las más complejas fragilidades de una cultura a través del prisma liberador de la mofa” (George and Trimbur, p. 68). El sarcasmo es la única manera de sobrellevar la vida en este mundo. Las personas hacen chistes sobre las guerras, la violencia, sobre la religión, sobre la cultura, etc.
Luego de que este tipo de comportamiento humorístico ha sido aceptado y digerido por todo el mundo, diferentes medios se han comenzado a construir sobre ellos. A las audiencias en todo el mundo les gusta leer, ver y escuchar este humor remarcado, incluso cuando implica mofarse de ellos mismos algunas veces. Entonces, los medios de comunicación, siendo manejados a la vez por personas, son obligados a mostrar este esquema. La sátira se encuentra por todos lados en nuestro medio. Podemos verlo en el cine y en la televisión, leerlo en las novelas, ensayos, artículos de los periódicos y otros medios. Un claro ejemplo del atractivo de la sátira para la gente es el fenómeno “Family Guy” (Padre de Familia). Se trata de una animada serie sobre una familia viviendo en los suburbios de los Estados Unidos. Hace constantes referencias a la cultura pop, en muchas maneras incómodas de humor, y por ello fue cancelada en su tercera temporada en el 2002. Sin embargo, “ luego de que los voraces fans devoraran los DVDs de las aventuras del clan Griffin, la red trajo de nuevo las series – para sorpresa de su creador Seth MacFarlane” (www.usnews.com).
Se convirtió entonces en un círculo vicioso. La gente se mofa de las diversas culturas, mediadores (conformados por la gente) siguen este ejemplo con la intención de vender, y cuando llegan al límite, son condenados por el público, y luego cancelados. Sin embargo, otros descubrieron que la diversión de este tipo de humor, condenado por muchos, es finalmente aceptada. De esta manera la “gente” continua empujando los límites del humor negro haciéndolo cada vez más escandaloso.
Wyatt Mason, en su ensayo, señala a varios escritores satíricos de nuestro tiempo, como Tom Perotta, George Saunders, Fancine Prose, entre otros. Me gustaría mencionar, por el bien de este ensayo, un muy llamativo e importante escritor satírico del siglo veinte: Hunter S. Thompson. Él cuenta con una cita que de alguna manera resume la generación en cuestión y su visión de NorteAmérica:
“Norteamerica…una nación de docientos millones de carros usados vendedores de todo el dinero necesario para comprar armas sin reparos para matar a cualquiera en el mundo que intente hacernos la vida incómoda” (Thompson)
Thompson, con esta cita, se ríe de su propio país y lo critica de una manera comprometedora, como hacen muchas personas en diversos lugares. Su referencia humorística a la violencia evidentemente nos lleva a lo que fue mencionado antes sobre la violencia y la tecnología, y le da un cierto soporte. Además, ejemplifica cómo las personas en la actualidad, se mofan de cosas tan importantes y sagradas como su propio país, y muy pocas de ellas se llevan a la acción tratando de cambiar la realidad y de no solo criticar sarcásticamente.
Mason, al final de su ensayo, señala un ejemplo del sarcasmo inapropiadamente usado por el ex presidente de los Estados Unidos, George Bush. Esto indica que existen limitaciones para este tipo de actitud. Pero yo iría más allá y diría que, no sólo tiene limitaciones en eventos específicos, como indica Mason, sino también limitaciones en qué tan lejos podemos llevarlas a ser incluso consideradas como marca comercial de nuestra cultura. Es ciertamente más fácil reírse de nuestros problemas, pero si no es una manera de enfrentarlos, entonces habremos definitivamente cruzado la línea. Esto no se aplica solamente a los Estados Unidos, sino que se viene incrementando también en otros países y culturas, donde la gente hace chistes de los problemas y sufrimientos de sus propios países pero hacen muy poco por solucionarlos.
Regresando al artículo en la mención a la llamada generación siguiente y su actitud ante la religión, diría que éste es un ejemplo de la evasión ante un tema que vale la pena, evadiendo el cuestionarnos a nosotros mismos, siguiendo lo que el resto de nuestra generación nos dice que debemos hacer: eso no importa, simplemente ríete de ello. Esta no es una manera de sobrevivir porque no es una forma de vida, al menos no una manera humana de vivir. El sarcasmo y los chistes son perfectamente aceptables, siempre y cuando no nos alejen de nuestra humanidad.
TRABAJOS CITADOS:
- GEORGE, Diana. and John Trimbur. My Satirical Self: How making fun of absolutely everything is defining a generation by Wyatt Mason. Reading Culture. 7th Edition. 2009. pages 64-72.
THOMPSON, Hunter S. Quotes. http://www.newpressroom.com/hunterquotes
GEORGE, Diana. and John Trimbur. A portrait of “Generation Next”: How young people view their lives, futures, and politics by Pew Research Center for the People and the Press. Reading Culture. 7th edition. 2009. pages 60-63.
http://www.usnews.com/usnews/culture/articles/050924/24familyguy.htm