La Cuestión Femenina

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REFLEXIONES SOBRE EL TEMA DE LA MUJER EN AMÉRICA LATINA
Sandra Sato
Doctoranda en Teologia Dogmática por el Pontificio Ateneo Regina Apostolorum – Roma

El tema de la mujer viene adquiriendo una importancia creciente en la cultura de nuestro tiempo.  Este pasado 8 de marzo se celebró internacionalmente el “Día de la Mujer”.

Esta reflexión sobre lo que se conoce como la cuestión femenina se inicia hacia finales del siglo XIX y cobra una fuerza e importancia que fue en aumento durante en el siglo XX, al punto que hoy, en los albores del Tercer Milenio se ha convertido en una de las reflexiones de mayor interés y discusión en el mundo entero. En ese sentido, las proféticas palabras de Juan Pablo II sobre la necesidad de seguir ahondando en las bases antropológicas y teológicas de la dignidad y vocación de la mujer revista hoy un carácter de gran importancia.

Una serie de corrientes de pensamiento están cobrando cada vez mayor importancia en este tema en América latina, presentándose como telón de fondo sustentando aproximaciones reductivas, siendo una de las principales razones por las que en latinoamericana se va cada vez alejando más de su verdadera identidad.

 

Antropologias reductivas en América Latina

Estas corrientes de pensamiento sobre el tema de la mujer que bien podemos llamar ideologías por su corte totalitario y reductivo, acentúan exclusivamente ya sea la igualdad o la diferencia entre el varón y la mujer, cayendo en los reduccionismos que ya denunciaba Juan Pablo II en 1988 en la Mulieris dignitatem:

“La mujer –en nombre de la liberación del «dominio» del hombre- no puede tender a apropiarse de las características masculinas, en contra de su propia «originalidad» femenina. Existe un fundado temor de que por este camino la mujer no llegará a «realizarse» y podría, en cambio deformar y perder lo que constituye su riqueza esencial. Se trata de una riqueza enorme. (MD, n.10)

 

El Feminismo de género o Ideología del género

La conocida ideología del género que considera que no existe diferencia esencial entre lo masculino y lo femenino. Las diferencias que encontramos en las culturas son construcciones sociales y por lo tanto no tienen ningún arraigo metafísico.

Esta ideología que se ha desarrollado mayoritariamente en los Estados Unidos de Norteamérica y Canadá, proclama que no existe ninguna diferencia entre los roles masculino y femenino entre otras cosas. La fuerte influencia a nivel de pensamiento y de dependencia económica de estos países del primer mundo sobre América Latina ha generado una gran acogida de esta ideología en la cultura latinoamericana trayendo como consecuencia una minusvaloración del papel maternal en la mujer.

Como puede preveerse, las graves consecuencias sobre la familia por el abandono de la mujer, el incremento de la población homosexual, la ausencia en la cultura de los valores más propiamente femeninos como la calidez, la acogida y la riqueza afectiva entre otros y una falaz acusación de discriminación femenina en las tradiciones eclesiales, en particular sobre el tema del sacerdocio ministerial masculino, son algunas de las consecuencias de la ideología del género en América Latina.

 

El llamado feminismo radical

Con una filosofía deconstructivista de fondo y algunos elementos del idealismo alemán y el marxismo, el llamado feminismo radical sostiene que la diferencia entre el hombre y la mujer es una construcción del lenguaje. La discriminación femenina es fruto de la cultura judeo-cristiana tradicional que es en esencia andrógena y patriarcal, es por ello que es necesario negar todos los valores de dicha cultura para poder reivindicar a la mujer por encima y en oposición al varón.

Este feminismo que fue desarrollado principalmente en Europa y que tiene como una de sus mayores representantes a Simone Beauvoir ha influenciado el feminismo latinoamericano en particular en su afán de destrucción de la cultura judeo-cristiana que forma parte esencial de la síntesis cultural que es América Latina.

Las propuestas de liberación de la mujer enfrentándola conflictivamente con el hombre y el querer sacar a Dios del panorama social y ético ya sea en un ateísmo militante (de los años 60) o un agnosticismo funcional que está más de moda hoy en día son algunas de las manifestaciones de este feminismo en nuestras tierras.

 

El Machismo

Como una expresión particular del androcentrismo en América Latina tenemos lo que se conoce como la ideología machista donde el hombre tiene mayor valor en el campo antropológico y social que la mujer.

Este vicio de aproximación no solo estaba presente en la cultura europea, muy concretamente de la España, Portugal y Francia del S XV, sino también muy arraigada en las culturas precolombinas que encontraron los conquistadores y misioneros que llegaron a América. Basta con mirar la pirámide social incaica para ver que no solo los puestos de poder estaban reservados para los hombres sino que formas sociales como la poligamia estaban admitidas para el varón.

Sobre la cultura machista que se encuentra aún presente en muchos de los ámbitos sociales en América Latina, que en caso de algunos ámbitos eclesiales se le suma el clericalismo, dirá Benedicto XVI en Aparecida:

“En algunas familias de América Latina persiste aún por desgracia una mentalidad machista, ignorando la novedad del cristianismo que reconoce y proclama la igual dignidad y responsabilidad de la mujer respecto al hombre” (Discurso Inaugural V Conferencia General del Episcopado de Latinoamérica y el Caribe. S.S. Benedicto XVI Aparecida.  Domingo 13 de mayo de 2007.)

La ausencia del padre en la vida familiar, las madres solteras, el abuso sexual en niñas y adolescentes, la prostitución, la infidelidad matrimonial, la violencia familiar y las discriminaciones laborales de la mujer, son algunas de las consecuencias del machismo en América Latina.

 

A la luz de la Mulieres Dignitatem

La historia de América Latina está llena de bellos testimonios de cómo la mujer y sobre todo aquellas que alcanzaron la santidad han sido no sólo mensajeras sino auténticas formadoras en la fe a todos los niveles, desde la intimidad del hogar en la educación de los hijos, pasando por el servicio solidario a los indígenas y necesitados hasta aquellas involucradas directamente con distintas formas de educación, ya sea enseñando, ya sea colaborando económicamente con esta labor.

Decía al respecto el Papa Juan Pablo II en su Carta a las mujeres de 1995:

El genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social; por ello se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral. El primer e indispensable paso en esta dirección es la posibilidad concreta de acceso a la formación profesional. El reconocimiento y la tutela de los derechos de las mujeres en este ámbito dependen, en general, de la organización del trabajo, que debe tener en cuenta la dignidad y la vocación de la mujer…Es una cuestión con la que se miden la cualidad de la sociedad y la efectiva tutela del derecho al trabajo de las mujeres. La persistencia de muchas formas de discriminación que ofenden la dignidad y vocación de la mujer en la esfera del trabajo, se debe a una larga serie de condicionamientos perniciosos para la mujer, que ha sido y es todavía « olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a esclavitud ».

El panorama actual nos muestra una gran diversidad de corrientes reductivas de pensamiento que se llaman a sí mismas como feministas. Ya hemos mencionado algunas de ellas.

Frente a este desafío antropológico, el aporte de la Carta sobre la dignidad y vocación de la mujer de Juan Pablo II constituye una respuesta clara desde la luz de la fe donde encontrar la verdadera identidad femenina y sus consecuencias sociales.

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