Al Final Del Túnel: Tránsito de Sábato

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Poco antes de cumplir los 100 años, moría Ernesto Sábato, en su casa de Santos Lugares en Argentina.

El escritor argentino deja un legado literario donde queda plasmada su particular aproximación a la realidad, así como la búsqueda de trascendencia en el ser humano y sus anhelos fundamentales.

A lo largo de la obra de Ernesto Sábato nos topamos con experiencias negativas y positivas propias de las realidades terrenas donde el ser humano está inserto, experiencias existenciales: como la soledad, la necesidad de afecto, la lucha por ideales, la búsqueda de sentido de la propia vida, el anhelo de felicidad.

Podríamos afirmar que se vislumbra en estos casi 100 años de vida el continuo fluir de las sombras y las luces de la vida en su obra literaria a manera de “dos Sábato”.

El primero sin respuesta, conflictuado con la realidad del Absoluto y envuelto en fuertes choques tal y como lo podemos ver en “Abbadon” y “Sobre Héroes y Tumbas”, segunda y tercera parte respectivamente de la Trilogía sobre “El Abismo de la condición humana”:(…)motivo por el cual no se consideraba con derechos a abandonarse al simple llanto, ni aun ante un ser como Alejandra, un ser que parecía haber estado esperando durante un siglo, y pensaba que tenía el deber, el deber casi profesional de un payaso a quien le ha ocurrido la mayor desgracia, de convertir aquel llanto en una mueca de risa. Pero, sin embargo, a medida que había ido confesando aquellas pocas palabras claves a Alejandra, sentía como una liberación y por un instante pensó que su mueca risible podía por fin convertirse en un enorme, convulsivo y tierno llanto; derrumbándose sobre ella como si por fin hubiese logrado atravesar el abismo. Y así lo hubiera hecho, así lo hubiera querido hacer. Dios mío, pero no lo hizo: sino que apenas inclinó su cabeza sobre el pecho, dándose vuelta para ocultar sus lágrimas.(…)Sobre héroes y tumbas.

Al segundo Sábato lo podemos apreciar en “Antes del Fin”  donde de manera autobiográfica narra su propia vida llena de ansias de reconciliación y de encuentro con las realidades trascendentales que anidan en el corazón de cada persona y que lo acompañan hasta el último momento: (…)  Siempre he añorado los ritos de mi niñez con sus Reyes Magos que ya no existen más. Ahora, hasta en los países tropicales, los reemplazan con esos pobres diablos disfrazados de Santa Claus, con pieles polares, sus barbas largas y blancas, como la nieve de donde simulan que vienen. No, estoy hablando de los Reyes Magos que en mi infancia, en mi pueblo de campo, venían misteriosamente cuando ya todos los chiquitos estábamos dormidos, para dejarnos en nuestros zapatos algo muy deseado; también en las familias pobres, en que apenas dejaban un juguete de lata, o unos pocos caramelos, o alguna tijerita de juguete para que una nena pudiera imitar a su madre costurera, cortando vestiditos para una muñeca de trapo.

Hoy a esos Reyes Magos les pediría sólo una cosa: que me volvieran a ese tiempo en que creía en ellos, a esa remota infancia, hace mil años, cuando me dormía anhelando su llegada en los milagrosos camellos, capaces de atravesar muros y hasta de pasar por las hendiduras de las puertas —porque así nos explicaba mamá que podían hacerlo—, silenciosos y llenos de amor. Esos seres que ansiábamos ver, tardándonos en dormir, hasta que el invencible sueño de todos los chiquitos podía más que nuestra ansiedad. Sí, querría que me devolvieran aquella espera, aquel candor.(…)

Este pasado 30 de abril, Sábato se encontró al final del Túnel, sin lápiz ni papel, ni computadora donde registrar, plasmar, verbalizar lo que sería la mayor experiencia existencial de su vida: el inexorable encuentro con la muerte, donde su búsqueda quizás haya vislumbrado al final del Túnel aquel más allá, negado por él.

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