Leonard Cohen, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011
El 1 de Junio se dio a conocer el nombre del ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
Desde 1981 la Fundación Príncipe de Asturias, que toma su nombre del título que ostenta el heredero de la corona española, otorga los Premios Príncipe de Asturias los cuales son entregados anualmente por Su Alteza Real el Príncipe de Asturias, Presidente de Honor de esta institución, en un solemne acto académico que se celebra en Oviedo, capital del Principado de Asturias. Los objetivos primordiales de la Fundación son consolidar los vínculos existentes entre el Principado y el Príncipe de Asturias y contribuir a la exaltación y promoción de cuantos valores científicos, culturales y humanísticos son patrimonio universal. Es así que la Fundación entrega ocho premios correspondientes a las siguientes categorías: Artes, Comunicación y Humanidades, Letras, Deportes, Ciencias Sociales, Investigación Científica y Técnica, Cooperación Internacional, Concordia.
Este año el premio fue concedido al canta-autor canadiense Leonard Cohen, fallo que suscitó cierta polémica ya que muchos lo veían dentro de la categoría de Arte más no de las Letras.

¿La razón?: muchas canciones, pocas novelas y pocos poemarios, que no justificarían el galardón.
Lo cierto es que una vez conocido el fallo, el nombre de Leonard Cohen se hizo más notorio en este lado del planeta ya que el autor canadiense es más conocido en Europa, Estados Unidos y Canadá.
Para la Fundación Príncipe de Asturias la unión entre la música y la poesía que realiza Cohen estaría en la base del motivo de su elección, calificándola de “Imaginario Sentimental”, imaginario que al ser revisado, sugiere más bien un particular uso de las facultades de la imaginación y de la fantasía, otorgándoles un lugar protagónico, carente de un adecuado uso de la razón al momento de afrontar y asumir la realidad de la vida cotidiana.
¿El resultado en su obra?
Temas como la depresión psicológica, el subjetivismo religioso, la pasión amorosa y el desenfreno sexual, se aprecian a lo largo de su producción literaria y musical, mostrando en sus personajes un gran vacío existencial así como un peligroso negativismo, que disfraza una aparente profundidad. Una profundidad carente de la hondura existencial que no permite vislumbrar el anhelo de felicidad que anida en el corazón del ser humano sino más bien una desilusión y tristeza, una interpretación subjetivista que parecieran destinadas a abarcar de manera indefectible la realidad de la persona humana, de todo hombre, el cual ha sido pensado y creado para vivir el encuentro y el amor auténticos.
Historias de 5,6,7 y hasta más minutos hechas canción tienen el trasfondo de las particulares melodías compuestas por Cohen, donde su talento musical -quizás- no logra ser expresado por las palabras, dándole a la música el verdadero protagonismo.