“Magia, realidad y sentido en Harry Potter”
Desde hace más de 10 años el fenómeno Harry Potter ha logrado cautivar no sólo a niños y adolescentes sino también a adultos.
Círculo de Encuentro organizó el Diálogo Literario sobre Harry Potter con el fin de realizar un análisis más allá de lo literario sobre la saga de J.K. Rowling, así como de las películas producidas a lo largo de estos años que también han contribuido a difundir aun más el fenómeno “Harry Potter”.
A continuación extractos del Diálogo Literario realizada por el Dr. Gustavo Sánchez:
Harry Potter en perspectiva literaria
A diferencia de muchas obras que han alcanzado fama y difusión, a pesar de su mala o pésima calidad literaria, las novelas de Harry Potter son buena literatura, y no sólo están muy bien escritas, con un manejo estético y técnico de alto nivel, sino que también se ubican en línea de continuidad con lo más clásico de la literatura inglesa del respectivo género.
Harry Potter y la Magia
En lo personal, consideramos que no hay en Harry Potter una apología de la magia, sea del tipo que sea, y por lo tanto, tampoco habría una incitación a participar de un mundo tenebroso, plagado de superchería o algo parecido. Sí habría el problema de mostrar este mundo tan simpático (literariamente hablando, claro está) que pueda suscitar una reacción de curiosidad y de atracción hacia cosas que de suyo (independientemente de lo que dice la novela) son malas. Pensamos que el problema, en todo caso, no está allí. En todo caso, la comparación defensiva entre las novelas de Tolkien y de Lewis con las de Rowling no es correcta en un punto. En El Señor de los anillos y en las Crónicas de Narnia los mundos elaborados por sus autores son absolutamente ficticios, donde todo lo que ocurre tiene su propia lógica dentro de su propia dinámica de ficción. En el caso de J.K. Rowling, se trata, ciertamente de un mundo ficticio, pero que constantemente interactúa con el mundo real, y al mismo tiempo es una crítica directa a la realidad, con la valoración algo negativa que le otorga el término “muggle”. Puesto en otros términos, mientras que Tolkien y Lewis elaboran un mundo “fantástico-fantástico”, Rowling, con una maestría incomparable, justo es decirlo, elabora un mundo “fantástico-real”.
Harry Potter y la realidad
Este detalle nos permite un vínculo para contactar con lo real, y también para indagar con lo que una saga de ficción como Harry Potter pueda decir de la realidad, y a la realidad. En la literatura en general, y cuanto más en aquella de buena calidad (y así consideramos las novelas de Rowling) siempre hay un contacto con la realidad, y, mutatis mutandis, un mensaje sobre lo real. El contacto con lo real lo da el contexto cultural, los influjos artísticos, sociales, históricos y de otro tipo que rodean y acompañan al autor y que de una u otra manera aparecen reflejados en sus obras. El mensaje sobre lo real puede ser tácito o expreso, abierto o implícito, y tiene que ver con los influjos, la idiosincracia, el temperamento y muchas otras cosas que tocan al autor. Una vez indicado todo esto, ofrecemos la siguiente consideración particular: En las novelas de Harry Potter se refleja una visión peculiar sobre el ser humano y sobre la vida, que no es ajena al momento cultural presente, todo lo contrario. Puesto en otros términos: lo que nos dice la saga potteresca es que el hombre se realiza a sí mismo (y aquí el símbolo de esta convicción es precisamente la magia) y de este modo, va construyendo la realidad (su realidad), otorgando un determinado sentido a la existencia (un sentido, dicho sea de paso, positivo y en muchos aspectos valioso).
Lo mágico en Harry Potter
Si bien es verdad que las novelas de Rowling asombran por su creatividad e ingenio, así como por el admirable talento que despliega en la configuración de tramas, situaciones y desenlaces, también es cierto que presenta muchos elementos arquetípicos que generan una fuerte resonancia en las personas, y tal vez allí radique parte de su éxito. Harry Potter se sitúa en línea de continuidad con las novelas de iniciación, pero también con aquellas que nos hablan de un Elegido cuya misión tiene rasgos salvíficos. El tema del discipulado está muy presente, y se plasma en la estrecha relación entre Harry y el bondadoso Director de Hogwarts, Albus Dumbledore. Pero sin lugar a dudas, el gran tema (arquetípico) que recorre todas las novelas de la saga es el de la lucha entre el bien y el mal, lo que no deja de producir una ola de simpatía y de cierta identificación con Harry y sus amigos. Todo esto se da, como habíamos señalado anteriormente, dentro de un proceso de maduración personal, fruto de la educación impartida en el colegio y de los años y experiencias acumulados.
El papel de la magia es fundamental para la configuración del mundo de Harry Potter y para las tramas allí desarrolladas. Se describen acciones mágicas y también un mundo mágico, análogo al mundo real. Así, las lechuzas hacen las veces del correo o del teléfono, los polvos Flu y los transportadores hacen las veces de los aviones, etc. Al igual que en el mundo muggle, también en el mundo mágico hay diversiones propias, educación (se estudia mucho en el mundo mágico) y deportes particulares, como el quidditch, que sería para ellos, en cuanto a fanatismo y popularidad, lo que el fútbol para nuestro mundo … con la consabida diferencia de que el quidditch se juega volando con escobas. En todo caso, la magia es protagónica para todos estos aspectos.
Pero, ¿qué es la magia? La sola mención de esta palabra evoca lo tenebroso, lo oculto y lo prohibido, algo que remite a una dimensión oscura de poderes sobrehumanos que se utilizan para fines tétricos e inconfesables. En el lenguaje coloquial (y superficial) magia es sinónimo de “maravilloso”, o “hermoso”, y así se habla de “momento mágico” o de “música mágica”. Como es obvio, no hay exactitud en estas aproximaciones o comprensiones. Podría describirse la magia como: “El arte de producir o de provocar fenómenos sensibles extraordinarios, maravillosos, por medios naturalmente desproporcionados, según toda apariencia, pero capaces de desencadenar fuerzas misteriosas, sobrehumanas y normalmente fuera del alcance del hombre”[1]. En la magia hay una técnica ordenada al dominio y manipulación de poderes naturales y –según sea la orientación- preternaturales orientados a la obtención de los fines propios del mago, lo que supuestamente “califica” a la magia realizada[2]. Por ello, propio de esta actividad es el conjuro, la fórmula poderosa que logra el fin propuesto, así como el rito que dramatiza la acción.
En el fondo de la magia está el anhelo y la búsqueda de la realización del propio deseo. En efecto, lo que se busca con la magia es la concreción de lo que uno quiere, y el ritual y el conjuro expresan de manera dramática este querer intenso[3]. Entendido de este modo, la magia implica el propio querer como norma suprema, y la supeditación de todo a la realización de este querer, alcanzable en la dramatización. “Lo que pretende la magia es la vivida y palpitante dramatización del deseo mismo. Las imágenes de los objetos que se manipulan no son sino medios para concretar y excitar el deseo de lo apetecido. Los gestos y acciones apasionados y hasta extáticos no son sino la manifestación sensible del deseo interior con toda su vehemencia”[4]. Ahora bien, esto es precisamente lo que se desprende de todas las novelas de Harry Potter. En ellas, lo mágico es la manera que poseen los personajes para alcanzar su realización particular. Llegan a ser ellos mismos mediante la magia, lo que significa una plenitud de su ser por sí mismos, sin ayuda de otra cosa distinta. Aplicando la técnica adecuada, aprendida por la educación mágica, llegas a ser tú mismo.
Podemos apreciar con claridad esta dinámica en prácticamente todos los personajes de la saga, pero sobre todo en los personajes centrales, el héroe Harry y el “malo” Lord Voldemort. Ambos son lo que son por lo que ellos han hecho de sí mismos, con la diferencia de que uno se inclina hacia el bien, mientras que otro se inclina hacia el mal. Aparece completamente ajena a toda la saga la idea de una gracia que vaya moldeando, orientando y dirigiendo las personalidades hacia el bien. Sólo cuenta la decisión propia, y la magia plasma en uno la decisión por el bien, y en otro por el mal. (…)
Es claro que la magia es poder, y en el caso que venimos ocupando, es poder para ser uno mismo. La autonomía del individuo que se hace a sí mismo queda así dibujada simbólicamente. La plasmación del “selfmade man” es aquí completa, y en ello se expresa una de las características más acusadas de nuestro tiempo.
La “realidad”
El mundo mágico de Harry Potter describe una determinada “realidad”, aquella propia de los magos con todas sus vivencias, detalles y características peculiares, que se contradistingue del mundo muggle. No deja de ser interesante destacar los rasgos que posee esta realidad, porque de alguna manera nos indica las coordenadas propias de la autora, su peculiar manera de ver el mundo y la realidad “real” (valga la redundancia). No olvidemos que el mundo mágico y el mundo nuestro –en la lógica de las novelas- coexisten y se interrelacionan mutuamente, interactuando a diversos niveles, lo que nos permite suponer que lo que se da en uno puede tener su plasmación en el otro, y viceversa.
Las características de la “realidad” propia del mundo mágico, tal como aparece descrita en las novelas de Harry Potter, son las siguientes:
a) Inmanentismo: entendido como una concepción de la realidad que encuentra toda su referencia y sentido en sí misma, sin referencia a lo trascendente. Esto es tanto más peculiar cuanto que la misma alusión a la magia facilitaría algún tipo de derivación hacia algo que vaya más allá de lo inmediatamente conocido y experimentable. Es totalmente cierto que la magia en Harry Potter no está vinculada a fuerzas preternaturales (no hay atisbos de algo parecido a lo demoníaco) o tampoco sobrenaturales, y por lo tanto no podríamos aplicarle la acusación de intento por obligar a la divinidad a realizar lo que el mago desea. (…) La muerte no es un asunto baladí, ya que más allá de la desaparición física de la persona, constituye la irrupción de lo metafísico en la existencia[5], y en ese sentido es un remitir a lo trascendente, hacia aquello que está más allá de la vida. Pues bien, toda esta carga de trascendencia no se observa en las novelas de la saga potteresca.
b) Agnosticismo funcional: se desprende inmediatamente de lo anterior que Dios y la religión se hallan totalmente ausentes en las novelas de Harry Potter. Se ha señalado que la única vez que aparece la palabra Dios es cuando se menciona a Sirius Black, padrino (en inglés God-father) de Harry. A toda la saga se le puede aplicar perfectamente la definición de “agnosticismo funcional”: Prescindencia y/o banalización de Dios y de lo religioso, y su sustitución por sucedáneos, que van en la línea del tener, del poder y del placer.
En la obra de Rowling, Dios no aparece. Las menciones que hay al cristianismo (la única religión mencionada) se refieren a las fiestas de Navidad y Pascua de Resurrección, donde lo único que se resalta es la fecha, pero sin señalar ni pizca de su contenido. (…)
c) Antropocentrismo: en cuanto que todo está centrado en el ser humano, que se convierte así en la referencia absoluta de este mundo. Lo cual es algo lógico y encaja perfectamente con lo anterior. Porque si nos quedamos solamente en una realidad inmanente, donde Dios no tiene ninguna presencia, y lo religioso es parte del folklore, entonces el hombre, por mera lógica, ocupará el puesto central.
A nuestro entender, la saga de Harry Potter refleja muy bien esta característica, que por lo demás es propia de una época y de una cultura como la contemporánea, y por lo tanto la obra es fidelísima hija de su tiempo (…)
d) Voluntarismo: entendida como la primacía de la voluntad que define y construye tanto al sujeto como a la acción. La realización de una persona se fundamenta en su querer. En el caso de las novelas es clarísimo este rasgo en el mismo Harry Potter. Prácticamente todos los libros de la saga nos muestran a Harry trasgrediendo las normas establecidas, desobedeciendo y siguiendo su mejor criterio o parecer, y por cierto que con óptimos resultados.(…)
En busca de sentido
Siguiendo la dinámica de las novelas, cabría hacerse la pregunta: ¿Qué sentido posee esta realidad así construída mediante la magia? A esto hay que responder que, a pesar del ambiente tenebroso y a veces sórdido que con frecuencia pinta Rowling, el sentido por el que apuestan sus novelas es francamente positivo. Mal que bien, y con todas las insuficiencias que se le puedan encontrar, la autora de Harry Potter no ha caído en la tentación de recrear un mundo pesimista, dominado por lo negativo y lo nefasto, ni tampoco ha plasmado un mundo relativista, donde no se sabe distinguir el bien del mal. Todo lo contrario, el bien y el mal están claramente delineados y distinguidos, y la opción de fondo es por el bien y contra el mal que busca imponerse.
Sin lugar a dudas, aparecen numerosos valores en el mundo mágico de Harry Potter: la lealtad, la valentía, el coraje, la rebeldía ante situaciones injustas, etc. Se ha destacado mucho el rechazo que se da en las novelas a toda forma de discriminación racista, expresada en la actitud de los descendientes de familias de magos a quienes son descendientes de familias muggles, o que son hijos de mago/a y muggle, denominados despectivamente “sangre sucia”. Este rasgo, en cuanto expresa la convicción de una igualdad fundamental de todas las personas, es algo digno de alabarse.
El Amor como dador de sentido
Pero hay un tema que está muy presente en Harry Potter y que merece la máxima atención. Se trata del amor como dador de sentido, y en última instancia como punto de partida y meta de una existencia más elevada. No deja de ser interesante la explicación que Dumbledore le da a Harry acerca de por qué Voldemort no pudo matarlo, siendo un indefenso bebé de menos de un año de nacido:
Tu madre murió para salvarte. Si hay algo que Voldemort no puede entender es el amor. No se dio cuenta de que un amor tan poderoso como el de tu madre hacia ti deja marcas poderosas. No una cicatriz, no un signo visible … Haber sido amado tan profundamente, aunque esa persona que nos amó no esté, nos deja para siempre una protección[6].
Ante el amor el mismo Voldemort queda impresionado, y se da cuenta de que allí, en el amor, aparece un poder más grande que el suyo:
Todos sabéis que la noche en que perdí mis poderes y mi cuerpo, había querido matarlo. Su madre murió para salvarlo y sin saberlo fue para él un escudo que yo no había previsto … No pude tocarlo.
(…)
Su madre dejó en él las huellas de su sacrificio … esto es magia antigua; tendría que haberlo recordado …[7].
Tal vez en esto radique la razón por la que el único que tiene el poder para oponerse a Voldemort, y puede luchar con él de igual a igual es el afable y bondadoso Albus Dumbledore. En la venerable figura del Director de Hogwarts la narrativa de Rowling alcanza uno de sus logros más notables y profundos. Y pensamos que no sería muy desacertado señalar que, en el fondo, lo que Dumbledore le está enseñando a Harry, incluso con su muerte a manos de Severus Snape, en quien había confiado a pesar de saberlo un Mortífago, es a saber amar en medio de todos los problemas, a amar hasta la inmolación.
[1] L. Gardette. “Magie”. En. Dictionnaire de Théologie Catholique. Dir. Por A. Vacant y E. Mangenot. T. IX. París ; Letouzey et Anè 1929, col. 1512.
[2] Se habla de magia blanca cuando busca la curación y el rechazo de maleficios. Magia negra cuando se dirige a causar daño y se vincula a poderes demoníacos. Magia roja cuando busca lograr efectos amorosos. Magia verde, cuando por medio de hierbas y sustancias vegetales trata de obtener fines curativos y/o medicinales.
[3] Así, el P. José Luis Idígoras, criticando la concepción racionalista de la magia de James George Frazer en su libro La rama dorada, dice: “… Hoy se rechaza casi universalmente esta interpretación racionalista de la magia que la reduce a una búsqueda del control de las leyes escondidas de la naturaleza. Y se trata de buscar una explicación no en la línea del conocimiento del mundo, sino de los deseos ardientes del corazón que tratan de realizarse apasionadamente. La magia viene a ser como la eficacia de los mismos deseos que tratan de alcanzar su objeto por la mera intensidad apasionadamente expresada de su apetencia. El camino ordinario para alcanzar el objeto de los deseos es el trabajo, la lucha, la competencia, la espera. Pero todos estos caminos resultan demasiado lentos y costosos para el corazón anhelante. Entonces el deseo se avalanza hacia su objeto y lo quiere alcanzar por el deseo mismo dramatizado y vivido”. “Religión y magia”. En: La religión.Nociones. contenidos. Críticas. Secularización. Lima; Centro de Proyección Cristiana 1985, p. 34.
[4] Allí mismo
[5] Ver Joseph Ratzinger. Escatología La muerte y la vida eterna. 2ª ed. Barcelona; Herder 1984, p. 75. El Cardenal Ratzinger cita allí mismo a Schleiermacher, que habla del nacimiento y de la muerte como de “perspectivas en brecha” por las que el hombre puede mirar hacia lo infinito.
[6] J.K. Rowling. Harry Potter y la piedra filosofal. Barcelona; Emecé 2000, p. 245.
[7] J.K. Rowling. Harry Potter y el cáliz de fuego. Barcelona; Salamandra 2001, p. 568.