El embrión humano: ¿algo o alguien?
Dr. Pedro Gaudiano, Doctor en Teología, Profesor Agregado de Antropología, Fenomenología de la Religión y Doctrina Social de la Iglesia en la Universidad Católica del Uruguay. Docente de Antropología del Centro de Investigaciones y Estudios Familiares (CIEF).
En el siguiente artículo *, busca responder de fondo al debate sobre los proyectos de legalización del aborto, por ello se plantea la interrogante sobre el embrión humano.
¿Qué nos dice la Ciencia?
Hoy la ciencia aporta datos incuestionables que permiten conocer al detalle los inicios de la existencia de un nuevo ser humano. En su libro Embriología Médica, J. Hib afirma: “La fecundación es el proceso biológico mediante el cual se unen el óvulo y el espermatozoide para formar una nueva célula llamada huevo o cigoto, con la cual se inicia el desarrollo embrionario, es decir, la vida de un nuevo individuo”.
La biología, y más en particular la genética y la embriología, demuestran que el embrión humano es un ser humano desde el instante de su concepción, distinto del padre y de la madre, único e irrepetible, dotado de la capacidad de desarrollarse de un modo gradual, continuo y autónomo. Por tanto, la afirmación de que el embrión –y después el feto– es “parte” del cuerpo de la mujer embarazada carece hoy del más mínimo fundamento biológico.
Algunos rechazan esta evidencia científica, y sostienen que la vida humana comienza en otros momentos del desarrollo embrionario. Por ejemplo, hay quienes fijan el inicio de la vida humana en la anidación, es decir la implantación del blastocito en el endometrio uterino, hecho que ocurre aproximadamente a los 14 días de fecundación. Pero fijar en ese momento el inicio de la vida humana es algo totalmente arbitrario. Porque si se afirma que recién después de la anidación hay “alguien”, entonces lo que había antes de la anidación (el así llamado “pre-embrión”) era “algo”. Y no parece posible explicar cómo y por qué “algo” se puede transformar en “alguien”. Si hay “alguien” a partir del instante de la anidación, es porque necesariamente también era “alguien” antes. ¿Desde cuándo? Desde el instante de la concepción. Es obvio que “antes” de la concepción no existe “alguien”, sino que existen los gametos masculino y femenino.
El embrión humano… ¡es persona!
A pesar de que la ciencia biológica demuestra que el ser humano no nacido es un individuo de la especie humana, algunos ponen en duda o niegan que este individuo humano sea una persona humana. Pero es imposible que un ser humano no sea persona humana. Sin esta afirmación de índole metafísica no es posible fundar una correcta antropología y sin una correcta antropología no es posible descubrir el verdadero fundamento de las normas éticas.
Si todo individuo de la especie humana es persona, y dado que la genética y la embriología demuestran que el embrión humano es un individuo de la especie humana, por lo tanto, el embrión humano es persona. Existe como un fin en sí mismo y no simplemente como un medio para ser usado por esta o aquella voluntad. La actitud de respeto a la persona humana desde el instante de su concepción es el reconocimiento de su dignidad. Para respetar la dignidad humana no se necesita ser creyente, porque ese es un principio inscrito en la conciencia de cualquier persona, más allá de que profese o no una religión determinada. Ese principio forma parte de la así llamada “ley natural”, a la que podemos acceder por la sola luz de la razón, sin tener que acudir a la fe.
Sin embargo, tanto para los judíos como para los cristianos –sean católicos o no católicos–, existe además un motivo de carácter estrictamente religioso para respetar la dignidad de toda persona humana, aún de los niños no nacidos. Porque según la fe judeocristiana, cada ser humano ha sido “creado a imagen y semejanza de Dios” (Génesis 1, 26).
Se puede hablar de una dignidad “ontológica” y una dignidad “moral”. La dignidad “ontológica” es la que cualquier ser humano –sea creyente o no– recibe al ser creado por Dios a su “imagen”. La dignidad “moral” no es “recibida”, sino que es la “tarea” que cada ser humano debe realizar para ir creciendo en la “semejanza” de Dios.
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El Dr. Bernard Nathanson Este médico estadounidense fue uno de los que más promovió el aborto en el mundo, a tal punto que fue conocido como “el Rey del Aborto”. Realizó unos 75.000 abortos, entre ellos el de su propio hijo. En 1969 fundó la Asociación Nacional para la Revocación de las Leyes contra el Aborto, más tarde llamada Liga Nacional para la Acción por el Derecho al Aborto. |
*(Extracto del texto publicado en: “Boletin del CIEF” M°52, abril 2011 pp. 8 -9)