Simplemente Mafalda
Durante el mes de setiembre de 1964 hace su aparición en la historia del comic y quizás en la historia de muchas personas también: una niña particular con la capacidad de decir de manera breve y concisa lo que millones de personas piensan probablemente de manera complicada. Su nombre: Mafalda.
Junto con su variado grupo de amigos, así como con su familia, Mafalda nos hará pensar y sintetizar nuestro análisis. Frases como “Sonríe, es gratis y alivia el dolor de cabeza” o “¿Y no será que en este mundo hay cada vez más gente y menos personas?” harán pensar a más de uno en la necesidad de vivir una vida sencilla y en el tomar conciencia de la propia humanidad.
Y también nos hará reír:
La mayoría de las veces de manera conjunta.
Este reír y pensar a la vez llevaría a Mafalda nada más y nada menos que a los días previos del cónclave donde fue elegido Benedicto XVI.
El 15 de Abril de 2005, cuatro días antes de la elección del Sumo Pontífice, el colegio cardenalicio se encontraba exponiendo las diversas situaciones del mundo católico.
Llegado el momento toma la palabra el Arzobispo emérito de Boloña, el cardenal Giacomo Biffi quien a su vez es uno de los teólogos más importantes de fines del siglo XX y para sorpresa de muchos empieza citando no las palabras de otro teólogo importante, ni de un padre de la Iglesia como es su costumbre, el cardenal Biffi dirá:
«Después de haber escuchado todas las intervenciones – justas, oportunas, apasionadas – que aquí han resonado, quisiera expresar al futuro Papa (que me está escuchando) todas mi solidaridad, mi simpatía, mi comprensión, y también un poco de mi fraterna compasión. Pero quisiera sugerirle también que no se preocupe demasiado por todo aquello que aquí ha escuchado y no se asuste demasiado. El Señor Jesús no le pedirá resolver todos los problemas del mundo. Le pedirá que lo quiera con un amor extraordinario: ‘¿Me amas más que estos?’ (cfr. Jn 21,15). En una ‘tira’ y ‘caricatura’ que nos llegaba de Argentina, la de Mafalda, he encontrado hace varios años una frase que en estos días me ha venido a la mente frecuentemente: ‘Ahora entiendo; – decía aquella tremenda y aguda muchachita – el mundo está lleno de problemólogos, pero escasean los solucionólogos’.
Después de casi 50 años de haber hecho su aparición, Mafalda pareciera no haber envejecido, ¿la razón? Ese anhelo de querer cambiar el mundo y buscar la justa solución a los problemas que muchas veces de manera errónea se confunde con el ímpetu juvenil sigue vigente en el corazón de cada ser humano que no desfallece en la tenaz aventura de conquistar la propia felicidad.

