El Conde Drácula

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La literatura gótica o de terror nos viene presentando en los últimos tiempos personajes ambiguos, que luchan muchas veces incomprensiblemente contra ellos mismos y los demás seres que los rodean. 

Las denominadas historias de vampiros,  tienen su origen en el Conde Drácula  el decano de los vampiros, que es un ser cargado de maldad y de mentira, muy distinto a los supuestos  vampiros buenos y amigables de hoy en día como en “Crepúsculo”.

En noviembre, recordamos el nacimiento del autor de Drácula: Bram Stoker (8 nov.1847), aquí una interesante apreciación por Nestor Sempé sobre esta obra.

El Conde Drácula

Drácula es una obra de ficción, del género de terror o gótico, de fin del siglo XIX, escrita por un escritor protestante irlandés, en plena época victoriana. En realidad, inaugura la novela de terror.

Sigue una tradición romántica, que malinterpreta las leyendas medievales y tiene como antecedentes (entre otros) muchos poemas ingleses, con sus connotaciones de vampirismo, fascinación con la muerte y amor sin regla, así como un cuento del propio Goethe.

Byron y Shelley, junto con su amante y después esposa Mary Godwin, en una velada de desafío del Lord, en su retiro de Suiza, donde se encuentra también su médico,  Polidori, provoca a los contertulios a escribir una historia de fantasmas en una noche. Surgen de esa diversión, el Frankenstein (1816) de Mary Shelley y El vampiro, en gestación (1819), de Polidori, con supuesta contribución byroniana. A partir de esos tiempos, la literatura romántica y posterior ha producido innumerables obras sobre vampiros, en francés, alemán, inglés…

Sin embargo, la obra de Stoker resume todos los elementos encontrados en muchas obras anteriores y  pronto sería motivo de adaptaciones teatrales y después cinematográficas.

El vampirismo no era algo nuevo en la literatura y el folklore de Europa, desde la antigüedad; siguió una carrera ascendente de muchísimos títulos desde entonces.

A lo largo de casi cuatrocientas páginas y veintisiete capítulos se desarrolla la historia del muerto viviente (o no-muerto, según el texto inglés), Drácula, que es la encarnación del mal; y  su fin a manos de la coalición de amigos heroicos que persiguen al monstruo y acaban venciéndolo no sin grandes dificultades.

La trama es realmente gótica, en el sentido de los profusos componentes y el estilo y tema seguido, pero tiene otras vertientes no tan explotadas: su carácter victoriano, la verdadera motivación de Stoker y el conflicto subyacente entre el protestantismo anglicano y el catolicismo de uno de sus protagonistas que utiliza sacramentales y hasta la Sagrada Forma.

A pesar de ser conocido el argumento, por haber sufrido tantas transformaciones cinematográficas conviene resumirlo: se trata de un procurador o abogado especialista en bienes raíces, Jonathan Harker, que para cerrar detalles de propiedades que desea comprar en Londres el conde Drácula,  viaja a Transilvania, en la región de los Cárpatos, para encontrarse con él, cuyos ancestros fueron defensores de Europa Oriental contra los turcos otomanos. Jonathan está comprometido con su novia Mina Murray y aprovecha de su viaje sin sospechar lo que sobrevendrá. Aun así, hay un diálogo con la anciana posadera, rogándole que no vea al señor del castillo que es premonitorio: «tomando un crucifijo de su cuello me lo ofreció. Yo no sabía qué hacer, pues como fiel de la Iglesia Anglicana, me he acostumbrado a ver semejantes cosas como símbolos de idolatría, (…) me pareció descortés rechazárselo a una anciana con tan buenos propósitos y en tal estado mental. Supongo que ella pudo leer la duda en mi rostro, pues me puso el rosario alrededor del cuello, y dijo: “Por amor a su madre”.»

En el castillo es bien recibido por el anciano conde aunque poco a poco se da cuenta del sórdido ambiente del derruido lugar; se siente prisionero y percibe las tendencias sanguinarias de Drácula que comienza a mostrarse más joven e insinuante y después con características de lagarto. Ante el acoso del conde y de tres vampiras que conviven allí, a duras penas consigue escapar y acaba trastornado en un hospital católico de Budapest.

La obra escrita como un diario de cada uno de los protagonistas, además de cartas, telegramas, noticias periodísticas y  grabaciones fonográficas, narra la preocupación de Mina Murray, su prometida, ante la falta de noticias suyas y su visita a la amiga Lucy Westenra, que terminará lentamente vampirizada por Drácula. Lucy tiene tres pretendientes: escoge a Arthur Holmwood de quien está enamorada y al convertirse en vampira por acción de Drácula, (es no-muerta o muerta-viva), acaba por ser definitivamente muerta por su novio en su tumba, clavándole una estaca en su corazón y cortándole la cabeza. Ocurre esto porque Drácula ha viajado a Inglaterra para vampirizar a Lucy e intentar hacerlo con Mina, mostrándose invencible y con poderes extraterrenos: puede mandar sobre los elementos como la niebla, la tempestad y el trueno; como venganza por la huída de Harker y para satisfacer sus apetitos.

Aparecen otros personajes, el Dr. John Seward, médico psiquíatra, que también ama a Lucy y Quincey  Morris, texano, otro pretendiente, que alarmados por la enfermedad y muerte de Lucy, perciben la malignidad intrínseca del conde y como la ha convertido en vampira. El médico llama antes de esto, de Holanda al especialista en enfermedades oscuras Abraham Van Helsing, antiguo mentor y amigo de Seward, a fin de ayudarlo a curar a la infeliz Lucy. (De hecho en el capítulo trece se revela católico cuando retira de su cuello un pequeño crucifijo de oro y lo coloca en los labios de la ya fallecida Lucy).

Mina, a su vez, se ha encontrado en Hungría con Harker y allí se casan, regresando a Inglaterra. Jonathan sigue chocado con la siniestra experiencia sufrida.

Ante los crímenes ocurridos y otros fenómenos extraños, Van Helsing y los otros intentan matar a Drácula pero éste escapa en barco hacia su castillo, mientras los demás incluyendo a Mina, lo siguen por tierra.

Finalmente, después de variadas peripecias, dirigidos por Van Helsing y Jonathan, vencen al maligno conde…con las armas de la fe católica: el crucifijo y la hostia consagrada.

Pero esto implica un grave desconocimiento de los preceptos eclesiásticos y del derecho canónico, pues un laico no podía en esa época, portar o exponer la Sagrada Forma y mucho menos para supuestos exorcismos y ejecuciones fantásticas.

Este ataque deben hacerlo “silenciosamente” pues en esa época de luces e incredulidad la duda de los sabios sería la principal ayuda que obtendría el conde Drácula.

El carácter victoriano de la novela hace que todos las actos de vampirismo sean sugeridos y se evitan las connotaciones sexuales que implican, aunque se habla claramente del hecho de alimentarse sorbiendo sangre humana para vivir para siempre. En el comportamiento de Seward y Van Helsing campea un cientificismo positivista que pretende resolver todos los síndromes con métodos avanzados, como la hipnosis, aunque teñida de mistificación adivinatoria.

Las intenciones de Stoker al componer su ficción pueden haber sido diversas, un cierto acercamiento entre los irlandeses católicos y el anglo-protestantismo puede ser un motivo, ya que Stoker no fue un típico irlandés anglicano, sino un celta ambiguo en su obra ficcional (su esposa se hizo católica pocos años después de la publicación del libro, en 1897).

No obstante hay una clara identificación de Drácula con el demonio, aun en la utilización de los pronombres con mayúsculas, como si fuera una contraparte maniquea. Es el Anticristo y así lo asumen Van Helsing y sus compañeros, es maligno y ellos defienden al bien…Lo increíble es que lo hacen al modo protestante, pero usando armas “sacramentales” católicas, a pesar de que por la censura victoriana anticatólica, nunca se usan los términos confesionales “protestante” o “católico”. Se puede presumir que Jonathan y Seward se convertirían a la fe católica y es llamativo que el héroe que lidera  la lucha contra el mal se llame igual que el autor: Abraham, siendo Bram un pseudónimo.

Hay un efecto general  de verosimilitud.[1]Pero no se puede decir, aunque algunos lo postulen, que sea una novela católica; lo que puede afirmarse es que no hay coqueteos con el diablo sino una oposición total, muy diferente a los diversos guiones cinematográficos y sagas novelescas que aprovechan la fascinación truculenta por el vampirismo, inclusive las versiones en que aparecen “vampiros buenos”, como en Crepúsculo con sus dulces vampiros adolescentes, que tienen una visión distorsionada pretendiendo que se pueden tener tendencias absolutamente perversas y ser “buenos”.


[1]
Miguel, Pedro de, Peña, Ángel, Guía de lecturas contemporáneas, p. 206, Rialp, 1999. Otra fuente.

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